Espiritualidad y búsqueda de sentido en Terapia Intensiva

La enfermedad grave, la proximidad de la muerte, las continuas pérdidas y la vivencia de fragilidad se convierten en interrogantes existenciales de alto impacto emocional: ¿Por qué ahora? ¿Existe Dios? ¿Qué pasará después? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Para qué este sufrimiento?…
Morir es un proceso complejo y único que abarca a la persona por entero, no sólo su cuerpo; es mucho más que un evento clínico.
Aunque la ayuda específica puede ser dada por los asistentes pastorales, poder detectar las necesidades, los recursos y el distrés espiritual, y acompañar a los pacientes en el proceso de cierre de su biografía, con la mayor paz posible, es tarea de todos los profesionales de la salud. De ahí la importancia de comprender y adquirir herramientas para identificar señales de sufrimiento y facilitar el cuidado espiritual de los pacientes y sus familias.

Tips

  • Es importante incluir la espiritualidad como parte de la evaluación integral del paciente y su familia para una mejor calidad de vida.
  • Espiritualidad y religión no son sinónimos. La espiritualidad es más amplia y abarcadora que la religiosidad.
  • Las necesidades espirituales no son sólo carencias, sino potencialidades a desplegar; es importante saber identificarlas desde las primeras consultas.
  • Explorar los indicadores de malestar espiritual, identificarlos y ofrecer cuidados espirituales generales es parte indispensable de la tarea de los profesionales de la salud, que requiere de ciertas destrezas y sensibilidad; en su asistencia específica será necesario un mayor entrenamiento y la derivación a otros profesionales o asesores religiosos, si fueran solicitados. 

Espiritualidad 

La Organización Mundial de la Salud (WHO, 1990) reafirma la importancia de la espiritualidad: «No es lo mismo que ‹religiosidad›, aunque para muchas personas la dimensión espiritual de sus vidas incluye un componente religioso. El aspecto espiritual de la vida humana puede ser visto como un componente integrado junto con los componentes físicos, psicológicos y sociales. A menudo se percibe como vinculado con el significado y el propósito y, para los que están cercanos al final de la vida, se asocia comúnmente con la necesidad de perdón, reconciliación y afirmación de los valores».

La dimensión espiritual es idiosincrásica del ser humano. Toda persona tiene la posibilidad de encontrar la integración con una realidad más amplia que sí mismo a través de un camino propio, único e irrepetible. Incluirla en la atención clínica genera un gran desafío para los profesionales.

Espiritualidad y religión

La espiritualidad es más abarcadora que la religión y puede ser vista como un movimiento de búsqueda en tres direcciones:

1. Hacia el interior de uno mismo, en búsqueda de sentido, del significado de la vida y la muerte, del sufrimiento y de los valores personales. Se trata de integrar todas las partes de la propia historia, sintiendo que «todo encaja». Tal como expresa V. Frankl (1987), «el hombre no se destruye por sufrir sino por sufrir sin sentido».

2. Hacia el entorno, en búsqueda de conexión, de pertenencia, de responsabilidad con sus relaciones y del sentimiento de formar parte de una unidad con los demás.

3. Hacia el más allá, en búsqueda de trascendencia, teniendo una perspectiva más profunda y amplia del propio yo y de las circunstancias presentes, incluidos el sufrimiento y la muerte, en conexión con un Todo más grande y abarcador.

IMPORTANTE! Vías de expresión: Preguntarle a un paciente de qué mejor manera expresa su espiritualidad, independientemente de que profese una religión o no, muestra también que el profesional está atento a la diversidad y singularidad y que comprende que, p. ej., la música, el arte, el amor por su familia, por la naturaleza o los animales, la práctica de la meditación, son algunas de esas vías de expresión. 

La religión incluye la pertenencia a una comunidad congregacional con creencias teológicas, textos sagrados, rituales y prácticas; la espiritualidad es mucho más amplia y puede ser comprendida como la aspiración profunda y personal del ser humano a una visión que integre, conecte, trascienda y dé sentido y propósito a la existencia.

La enfermedad o la anticipación del final de la vida puede ser una situación que ponga en crisis la fe del paciente, que lo haga renegar de ella o, por el contrario, que lo acerque o la busque de manera renovada y esperanzadora. Preguntar a un paciente sobre su necesidad de practicar rituales religiosos es una intervención facilitadora.

¿Qué son las necesidades espirituales?

Son necesidades inherentes a la persona, orientadas a su crecimiento interior; en el contexto de «situaciones límite», tal como una enfermedad grave, emergen con mayor fuerza. Si no son satisfechas adecuadamente puede aparecer el sufrimiento espiritual.

Cecily Saunders (1967) habla del «dolor total» en la enfermedad, compuesto por aspectos somáticos, emocionales, sociales y espirituales.

Es importante agregar que las necesidades espirituales no sólo son carencias (algo que falta) sino también recursos a desplegar, potencialidades no del todo desarrolladas, pero sí deseadas, en el ámbito de lo espiritual.

Benito et al. (2008) en su revisión destacan como más importantes las necesidades de:

• ser reconocido como persona,

• volver a leer su vida,

• encontrar sentido a la existencia,

• liberarse de la culpabilidad, perdonarse,

• reconciliación o sentirse perdonado,

• continuidad, trascendencia,

• auténtica esperanza,

• expresar sentimientos y vivencias religiosas,

• amar y ser amado.

Llegando al final de la vida estas necesidades se intensifican, ya que nada puede posponerse. Todo adquiere la urgencia de lo definitivo y ello puede generar un gran sufrimiento si aquéllas no son identificadas y atendidas.  Por eso es responsabilidad de los profesionales facilitar esta tarea a través del diálogo terapéutico auténtico y compasivo, respetuoso de la singularidad de cada persona.

Siguiendo a E. Benito, J. Barbero y C. Gomis (2008), es necesario prestar atención a lo siguiente:

1. Los indicadores de necesidades y recursos pueden aparecen indirectamente: tras el miedo puede estar la preocupación por el después de la muerte; detrás del enojo, la insatisfacción con algún capítulo de su vida. O directamente: un crucifijo sobre la mesa; la alegría por tener a todos los hijos junto a su cama. En el apartado inicial de este capítulo aparecen: los sentimientos de culpa, la no reconciliación con su historia, los asuntos inconclusos con sus hijos, tal vez necesidad de ser perdonado, la ansiedad que surge «esperando la muerte», que se demora.

2. Diferenciar las necesidades de sus satisfactores y buscar con el paciente los que sean apropiados. Siempre será él quien guiará en lo que le es verdaderamente significativo.

3. Evaluar el área espiritual como necesidad y como recurso: Como recurso: como parte de la evaluación global desde la primera consulta (o las primeras). Ello ayudará a comprender a la totalidad de esa persona. P. ej., indagar sobre sus creencias; si lo están ayudando en el momento presente; si está en conflicto con ellas; si no fuera creyente, qué le da mayor fortaleza, cuáles son sus puntos de apoyo en la vida. Como necesidad: explorando los indicadores de bienestar/malestar espiritual.

Cómo explorar el bienestar y el malestar espiritual

Ante un paciente que experimenta sensación de sosiego interior en su presente, de que «todo encaja» con su historia pasada, que vive sus despedidas con tristeza y autenticidad y siente paz ante su futuro es sencillo inferir bienestar espiritual. Sin embargo, hay una amplia diversidad entre una «muerte ideal» y otra con distrés alto y necesidad de intervenciones específicas de los profesionales.

Importante! Estar atentos a no querer imponer un modelo de muerte pacífica ideal y sí a escuchar al paciente concreto que hablará o mostrará conductas referidas a su propio estado de bienestar espiritual. 

En el centro del dolor espiritual hay una desconexión dentro de las personas de su aspecto más profundo, de lo que les da sentido, esperanza y propósito en la vida. Puede manifestarse con síntomas en diferentes áreas: ellos pueden ser físicos (dolor de difícil manejo, insomnio); psicológicos (ansiedad, depresión, pánico, vivencia de desamparo, soledad, desesperanza, pérdida de sentido, miedos); religiosos (crisis de fe, ira hacia Dios) o sociales (ruptura o distanciamiento de relaciones antes próximas).

Para hacer un diagnóstico de dolor o distrés espiritual es necesario ver estos síntomas junto a la biografía, los patrones de conducta previos y el contexto actual del paciente. Es necesario reconocer el distrés espiritual cuando las personas son incapaces de encontrar fuentes de paz, amor, significado, fortaleza, esperanza y conexión o cuando ocurren conflictos entre sus creencias y lo que está sucediendo en sus vidas.

Es importante destacar que la muerte, como última crisis vital del ser humano, tiene en sí una parte de sufrimiento inevitable, por la misma condición humana, que genera tristeza vinculada a la vivencia de separación o despedida da de todas las personas queridas, del mundo tal como lo conoce la persona hasta el presente y, fundamentalmente, de sí mismo, de lo que hasta ahora ha sido o lo que ya no podrá ser. El paciente está haciendo duelos. Necesita decir sus adioses en un espacio de seguridad y confort. Comprender este aspecto evitará diagnosticar como patológica una experiencia humana universal, acompañándola con la aceptación de las posibilidades personales. También, refuerza la necesidad de realizar una apropiada evaluación para discriminar cuándo el sufrimiento puede y necesita ser aliviado con intervenciones.

Algunas preguntas orientadoras Algunos autores, como H. Chochinov (2005), C. Puchalsky (2000) y W. Breitbart (2002), entre otros, sugieren ciertas preguntas para facilitar la exploración del malestar/bienestar espiritual. No hay un orden particular, ya que lo mejor es hacerlas con sensibilidad o propiciando un clima emocional adecuado en esa consulta. Es recomendable que sean abiertas y permitan explorar el mundo interno de la persona.

¿Podría contarme algo de su vida, su historia…? Lo que sienta más relevante.

¿Qué logros ha tenido que lo han hecho sentir más satisfecho?

¿Existe algo en particular que quisiera que su familia sepa de Ud.?

¿Hay algo que Ud. sienta que la vida le ha enseñado y le gustaría transmitir a otros?

¿Cómo expresa mejor su espiritualidad?

¿Tiene alguna fe o creencia religiosa? ¿En qué grado lo ayuda en este momento?

¿Qué es lo que más lo ayuda cuando siente desasosiego?

¿Qué cree Ud. que le da sentido o propósito a su vida?

¿Ha sido de ayuda algún soporte espiritual en el pasado?

¿Tiene sentimientos de desesperanza? ¿Cómo entiende la esperanza? ¿En qué tiene esperanza?

¿Siente enojo o culpa alrededor de su enfermedad?

¿Hay alguien a quien necesita perdonar o necesitaría Ud. ser perdonado por alguien?

¿Qué es lo que necesita para sentir que conserva su dignidad? ¿Tiene creencias respecto a lo que sucede luego de la muerte? ¿Cómo se siente al mirar (o narrar) su vida vivida?

¿Cuál es su mayor fuente de fortaleza en esta enfermedad?

Estas y otras preguntas dentro de la entrevista clínica deben ser hechas en un contexto de privacidad, escucha empática y respeto frente a la particular forma que adopta el proceso del paciente (dinámico, con cambios, oscilaciones, ambivalencias) y frente al nivel de profundidad que pueda tolerar, así como con compasión, entendida como sensibilidad y disposición para aliviar su sufrimiento. Además, deben tener sentido de oportunidad, ya que una pregunta al enfermo sobre sus creencias respecto de la muerte (por ejemplo) puede ser fuertemente desestabilizadora si se hace fuera de tiempo. Muchas veces la asistencia psicosocial se entrecruza con la espiritual, ya que están íntimamente relacionadas. El poder identificar el sufrimiento existencial o espiritual es el primer paso para su adecuada asistencia.

Cómo brindar cuidado espiritual

• Tener un adecuado control de los síntomas (especialmente el dolor).

• Generar un vínculo de confianza en la relación terapéutica.

• Aprender a escuchar activamente.

• Respetar los silencios durante el diálogo; pueden ser momentos de gran elaboración.

• Comprender qué es lo importante para el paciente, sus fuentes de significado dentro de su historia personal.

• Explorar con calma sus necesidades espirituales.

• Estimular sus recursos espirituales.

• Acompañar y asistir a la familia en su propio distrés, cansancio y necesidades.

• Acompañar la esperanza, con realismo.

• Facilitar, mediante la escucha activa, la narrativa de vida del paciente.

• Ofrecer la posibilidad de rituales religiosos si el paciente los requiriera.

• No intentar brindar respuestas a preguntas existenciales. Facilitar su búsqueda por parte del propio paciente.

• No imponer ni sugerir creencias personales del profesional.

• Estar presentes con autenticidad.

• Aceptar los límites del paciente y/o su familia.

• Discriminar las necesidades del profesional de las del paciente.

• La solemnidad no está relacionada con la espiritualidad. Sí la sensibilidad, el humor inteligente, una sonrisa, el silencio respetuoso, el contacto genuino.

 

Fuente: Tomado y modificado de: Jacob, G., & Sanchez, L. (2014). Manual de cuidados paliativos para la atención primaria de la salud. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Instituto Nacional del Cáncer. Cap. 13 “Noemí Díaz Licenciada en Psicología. 

Licenciado bajo Creative Commons.

Puede leer el original haciendo click en el siguiente link. http://www.msal.gov.ar/inc/recursos-de-comunicacion/manual-de-cuidados-paliativos-para-la-atencion-primaria-de-la-salud/

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

Arte en salud, una ventana a la espontaneidad creadora en el hospital

Por Lic. Ignacio Usandivaras,
Psicologo de Planta – Salud Mental Pediatrica y Coordinador – Prevencion – Pediatria, Hospital Italiano de Buenos Aires

Arte en Salud es una actividad que se está desarrollando en ámbito del Hospital Italiano de Buenos Aires como una instancia terapéutica más. No es una medicación, no es un instrumento de alta complejidad, sino que es la música, el humor, los objetos lúdicos que permiten ampliar la geografía emocional de estos contextos.

Las responsables de este cambio son artistas formadas en prácticas del arte contexto de hospital, que desplegando sus artes, contactan logrando una comunicación de un modo diferentes no solo con los pacientes sino también entre los médicos, pacientes y sus familias.

El clown, la música, el teatro de sombras, títeres, los relatos, poesías y cuentos se meten por los rincones de las habitaciones.

El grupo de artistas entre las camas, monitores, sueros, pasillos durante la semana con atenta percepción sobre lo que sucede allí proponen sus lenguajes, luces de color, la música que transporta a otros paisajes, la lluvia de poemas, baile de las cejas, la serenata del nombre y otras actividades mínimas son de los tantos recursos que llevan en su chango maletín.

¿Por qué terapéutico?, observamos que al potenciar el los recursos  emocionales a través de la expresión del arte, modificando el temor, enojo o la pena propios de los estados de la enfermedad, es posible pensar otros estados relacionados, no solo con la cura, sino la sanación en un acepción integral.

Mariana Occhiuzzi, una de las músicas del grupo, cuenta en una entrevista como los objetos musicales pequeños, así como el poemario, los dragones y gallinas construidos de papel abren otras posibilidades de habitar en espacio del hospital.

Arte en Salud es una actividad dentro de programas del Departamento de Responsabilidad Social del hospital que lleva adelante con pasión y cuidados la responsable Felicitas Herrera con la asesoría en la coordinación y trabajo con la temáticas el psicólogo Ignacio Usandivaras.

El grupo está conformado por la clown Mariana Ramos, la titiritera de sombras Ana Clara del Moral, las músicas  Mariana Occhiuzzi y Ángeles Camblong y la narradora Diana Tarnofky.

La actividad nació  diez años con Mariana Ramos que recién llegada de su residencia en Italia, trabajando con organizaciones en diferentes países del mundo  es convocada  por el jefe de Pediatría Carlos Wahren interesado en poder realizar una actividad en el fin de semana en la sala de internación de pediatría del  hospital que quedaba desierta de personal .

Hoy la actividad creció y se desplegó hacia sala de internación de adultos con una buena recepción tanto en los grupos médicos, enfermeras como de pacientes. Mariana comenzó con su nariz roja y su acordeón y notó que, en el estado de juego, los abrazos con los padres se crea un vínculo de confianza con la figura del clown y con todo lo que sucede, se dan un permiso para decir y hacer cosas que las buenas costumbres no lo permiten. Recuerda de modo entrañable la historia de un chico de Santa Fe, trasplantado siendo un bebé y al que se lo volvió a encontrar hace poco tiempo hablando y con rulos. Su trayectoria en este hospital lo plasmó en historia de relatos y dibujo con la editorial del hospital, El clown en el hospital en donde transmite la sutileza y la magia de los que sucede con el arte en estas situaciones de internación

Relata que la transformación en el medio que rodea al paciente niño, adulto, transformándose cuando baila la abuela, canta el tío, es algo que nos atraviesa a todos en el ritmo, la ternura y el humor con sentido de libertad  y gracias mostrando objetos tiernos y ridículos muñecos así como el masajeador  con forma de delfín que enfermeras hacen cola para recibir un poco para aliviar cuellos endurecidos de las largas horas de actividad.

Diana la cuenta cuentos de voz firme y suave a su vez narra poemas, historias, tejiéndolas entra aquellos que se encuentra en sus recorrida. Su importante experiencia como narradora en contextos como es el de la educación lleva en su baúl una biblioteca ambulante de maravillosos libros transportables. Ella lo denomina su pequeño universo portátil (PUP) que lo crea con una paraguas con lucecitas , es una burbuja al que le “llueven poemas” e historias que se desatan de acuerdo a la situación de la sala, además de una colección de carteritas llenas de pequeños papeles con escritos de Marcela Benegas, Beatriz Vallejos y Laura Devetach, entre otras coplas y poemas quechuas. Lleva un carrito de la feria cargado de libros y papelitos y los largos o cortos cilindros de colores, los susurradores que permite en un tomo íntimo del susurro, hacer llegar poemas o relatos breves. Expresa ella jugamos con la energía del duende al que le vibra todo el cuerpo. Y agrega que esta actividad es la creación de otros mundos posibles, el punto de partida es tomar  todo lo que está disponible en las habitaciones donde los lúdico y el lenguaje poético de las personas lo pongan en juego.

Mariana Occhiuzzi es música profesional, su recorrido entre tanto fue especializarse en trabajar las escenas, lo sonoro en un dispositivo teatral que también se desarrolla en el hospital que es teatro espontáneo, consiste en tomar las historias que cuenta el público, los médicos, residentes, técnicos, enfermeras, que con actores, un director y su música se despliega el arte en la vida de historias de la vida en el hospital. Esta actividad no se realiza en la recorrida sinó que espacios de actividades pautadas, así como los talleres de expresión donde son convocado el personal para esta en un taller jugando con el arte tratando aspectos que producen malestar en ámbito laboral.

Dice sobre su trabajo con la música “disfruto mucho mi rol de musicalizadora y ser el colchón de mis compañeras. Ingresar con la música es entrar de manera inesperada. Nunca sé lo que va a representar en esos cuerpos, esa música y qué paisaje significa en ese cuerpo. Sensibilizamos desde un lugar que no tiene barrera, es un mimo, de sumo cuidado. Es humanidad y sensibilidad. Son pocas las melodías que repito porque cada una es para cada cuerpo”.

Con la alianza de mamás y papás y hermanitos, una rosa es soplada para contar la historia de la tormenta eléctrica a la que hay que salvar, entre muchas flores del jardín. Se ven cabezas con sombreros, luces colgadas como collares, bichos y pajaritos. En voz bajita, cuentan que alguna vez hicieron arte debajo de la cama con linternas en la mano, pudieron hacer la historia del mar y que el niño volviera con ese oleaje a la cama: “No vamos directamente a jugar con el niño, jugamos con todo porque es su realidad” destacan en su modo de trabajo.

La medicina narrativa es una herramienta que algunas de las integrantes de arte en salud participan en equipos para investigar y articularla en diversos espacios de asistencia y educación del instituto universitario del hospital. La literatura, el cine, la ficción y el teatro son los lenguajes como vemos comunes.

En las escena cotidianas de arte en salud  cuentan las artistas que no es una tarea sencilla, “hay algunos niños que dan la espalda durante semanas, es muy común”, dice Mariana. “Hay otros que están hace mucho tiempo internados”, agrega Diana y “están enojados por eso y, bienvenido, sea”. Aseguran que todo mejora después de que pasan y se muestran disponibles tanto para estar como para no, evitando la invasión o imposición que nada tiene que ver con el encuentro espontáneo.

 

 

Una sonrisa en el fin de semana. Mariana Ramos, Ignacio Usandivaras. Ediciones del Hospital Italiano. 2º Edición 2017

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

Un ex paciente crítico relata su experiencia

El lunes 11/12 se llevó a cabo el último encuentro del ciclo de Talleres de Relatos en Terapia Intensiva 2017.

Mariano Andrés Magariños, ex paciente crítico de nuestro servicio y autor del libro “Es complicado” conversó con médicos, enfermeros y administrativos sobre su experiencia, enriqueciéndonos con su perspectiva de puntos fuertes y a mejorar de nuestro trabajo.

Coordinaron el encuentro: Lic Ana Díaz y Lic Mariana Pedace / Coordinación general del ciclo de Talleres: Dr Eduardo San Román

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

¿Es posible morir de un corazón roto?

Por Dr. Carlos Tajer

Los estudios de las últimas décadas no dejan lugar a la duda: acontecimientos negativos en la vida, pérdidas, derrotas, se asocian a la mayor posibilidad de enfermar, en particular de problemas graves como el infarto de miocardio, que pueden llevar a la muerte.

Investigadores argentinos han participado del gigantesco estudio Inter-Heart en donde esta asociación volvió a confirmarse. Utilizando una serie de preguntas para conocer el “stress psicosocial persistente”, su asociación con infarto superó incluso al tabaquismo.

En forma minuciosa se ha demostrado como diferentes estados emocionales “negativos” son interpretados por el organismo como heridas físicas, lo que lleva a activar complejos mecanismos biológicos que resultan perjudiciales. Enfrentar un examen o una disertación pública en los que podemos ser “destrozados” pone en juego en nuestro cuerpo mecanismos que nos preparan para una batalla “física” contra una fiera.

El organismo no distingue entre dolor físico o psíquico. Estudio similares al de la Dra. Eisenberger mostraron resultados sorprendentes: en un experimento de provocación de dolor en el antebrazo, untar la zona con un gel inactivo pero que la persona cree analgésico, no sólo disminuye el nivel de dolor referido sin que provoca que este dolor no llegue al cerebro con la misma intensidad.

En un plano más complejo, el diálogo abierto con personas que han padecido ataques cardíacos recientes nos permite reconstruir momentos dramáticos de la vida que tiene relación con la enfermedad.

En Japón describieron un cuadro que luego hemos podido reconocer en muchas oportunidades en la Argentina, el denominado Tako-Tsubo, una grave situación cardíaca en la que frente a una muy intensa emoción negativa (pérdida de un familiar directo, discusión violenta, incendio del hogar) aparece un dolor de pecho idéntico a un infarto, un electrocardiograma muy anormal y el corazón queda “estrangulado”: toda la extensa zona de la punta del corazón no se mueve. En inglés han propuesto la denominación de “Broken-Heart”, corazón roto para este cuadro. En pocos días en la mayor parte de los casos se recupera totalmente la función. La confirmación de que este cuadro, claramente “emocional”, es también gravemente “corporal”, nos ha ayudado a comprender mejor enfermedades más comunes como el infarto, 40.000 casos anuales en la Argentina, en los que también se activan en vinculación con crisis vitales múltiples mecanismos biológicos que resultan nocivos.

Comprender nuestra integridad “cuerpo-alma” debería ayudarnos a que frente al “dolor” busquemos alivio en la compañía de nuestros seres queridos, evitemos el aislamiento, y cuando el alivio no llega nos planteemos la posibilidad de ayuda profesional.

 

Fuente: Dr. Carlos Daniel Tajer, Jefe de Cardiología del Sanatorio Alexander Fleming, Director del Departamento Cardiovascular del Hospital del Cruce de la Pcia. de Buenos Aires, y Director Asociado de la Revista Argentina de Cardiología. Autor del libro  “El corazón enfermo. Puentes entre las emociones y el infarto” de editorial el Zorzal, donde aborda este tema en profundidad a partir de historias de vida. Clarín. 15/08/2014 . Puede leer la nota originalhttps://www.clarin.com/salud/corazon-roto-emociones-salud_cardiovascular_0_ryetkJqDQl.html#

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

Terapia Intensiva y estrés postraumático

¿Qué es un trauma psicológico?

Terapia Intensiva nos expone con frecuencia a eventos psicológicamente traumáticos. Se puede considerar que un suceso es traumático cuando implica una amenaza o ataque para la integridad física o emocional del individuo, excede la capacidad  para poder manejarlo y perturba los marcos de referencia  y otros esquemas básicos que le sirven para entender y manejarse en el mundo. (McCann y Pearlman 1990)

Es común que las personas afectadas por situaciones traumáticas sufran reacciones emocionales muy intensas. Comprenderlas puede contribuir a  manejar los sentimientos, pensamientos y comportamientos derivados, facilitando el camino hacia la recuperación. A continuación desarrollaremos algunos conceptos y pautas propuestos por la American Psychological Asdociation.

¿Qué nos ocurre después de un acontecimiento traumático?

La conmoción y la negación son respuestas típicas a los eventos traumáticos y desastres, especialmente en los primeros días posteriores. Tanto la conmoción como la negación son reacciones normales de protección.

La conmoción es una perturbación súbita y a menudo intense que afecta su estado emocional, y puede hacer sentir aturdimiento o confusión. La negación consiste en no reconocer que ha ocurrido algo muy estresante, o en no reconocer totalmente la intensidad del acontecimiento. Incluso podría sentirse temporalmente paralizado o desconectado de la vida. En la medida que desaparece la conmoción inicial, las reacciones pueden variar de acuerdo a la persona afectada. Sin embargo, estas son las respuestas normales a un acontecimiento traumático:

  • Los sentimientos se hacen intensos y a veces impredecibles. La persona puede volverse más irritable de lo usual, y su estado de ánimo puede cambiar de forma sin precedentes. Puede sentirse ansiedad o nerviosismo, e incluso depresión.
  • El trauma afecta los patrones de pensamiento y comportamiento. Se pueden tener recuerdos repetidos y vívidos del acontecimiento. Esas visiones retrospectivas pueden producirse sin razón aparente, y pueden provocar reacciones físicas como taquicardia o sudoración. También se puede confrontar dificultades para concentrarse o tomar decisiones, o sentir confusión con mayor facilidad. Además, se pueden alterar los patrones de sueño y alimentación.
  • Las reacciones emocionales recurrentes son comunes. En fechas claves, como la semana, el mes o el año, se pueden desencadenar recuerdos desagradables de la experiencia traumática. Estos “desencadenantes” pueden estar acompañados por el temor de que se repita el acontecimiento estresante.
  • Con frecuencia se afectan las relaciones interpersonales. Se generalizan mayores conflictos, como discusiones más frecuentes con familiares y compañeros de trabajo. Por otro lado, se puede experimentar distanciamiento o aislamiento, y rechazo de las actividades usuales.
  • Los síntomas físicos pueden acompañar al estrés extremo. Por ejemplo, dolores de cabeza, náuseas y dolores en el pecho que pudieran necesitar atención médica. Además, los trastornos preexistentes pueden empeorar debido al estrés.

¿Por qué las personas responden de forma diferente con el paso del tiempo?

Es importante darse cuenta de que no existe un patrón “estándar” del estrés extreme provocado por experiencias traumáticas. Algunas personas responden de inmediato, mientras que otras experimentan reacciones retardadas que aparecen meses o incluso años después. Algunas sufren efectos adversos durante mucho tiempo, mientras que otras se recuperan con bastante rapidez.

Asimismo, las reacciones pueden cambiar con el paso del tiempo. Algunas personas que han sufrido un trauma se sienten energizadas inicialmente para asumir el reto de enfrentar la situación, para luego sentirse desanimadas o deprimidas.

Varios factores tienden a afectar la extensión de tiempo necesaria para la recuperación, tales como:

  • El grado e intensidad de la pérdida. La recuperación de los acontecimientos de larga duración que constituyen una mayor amenaza, y en los que se sufre la pérdida de vidas o la pérdida sustancial de propiedad, es mayor.
  • La capacidad general de una persona para enfrentar situaciones que le afectan emocionalmente. Las personas que han pasado por otras circunstancias difíciles y estresantes pudieran enfrentar el trauma con mayor facilidad.
  • Otros acontecimientos estresantes que preceden a la experiencia traumática. Las personas que han sufrido otras situaciones que les afectaron emocionalmente, como graves problemas de salud o dificultades relacionadas con la familia, pudieran experimentar reacciones más intensas ante el nuevo acontecimiento estresante, y necesitarían más tiempo para recuperarse.

¿Qué puedo recomendar a los pacientes y familiares para ayudarlos?

Existen varias medidas que se pueden tomar para contribuir a la recuperación del bienestar emocional y del sentido de control luego de un desastre u otra experiencia traumática. Algunas de ellas son:

  • Dedicar tiempo para curarse. Tener en cuenta que puede ser un momento difícil en la vida de uno. Es necesario darse tiempo a lamentar las pérdidas que ha sufrido. Tratar de tener paciencia con los cambios en su estado emocional.
  • Pedir ayuda a las personas más cercanas que puedan escuchar y solidarizarse con su situación. Pero hay que considerar que su sistema normal de ayuda pudiera debilitarse si esas personas también han experimentado o han sido testigos del trauma.
  • Comunicar la experiencia de la manera que resulte más cómoda, como hablar con familiares o amigos cercanos, o escribir sus impresiones en un diario.
  • Investigar acerca de la existencia de grupos de apoyo locales, disponibles con frecuencia para aquellas personas afectadas por enfermedades determinadas, desastres naturales, o para víctimas de violencia. Estos grupos pueden ser especialmente útiles para personas con limitaciones en sus sistemas personales de apoyo.
  • Tratar de buscar grupos dirigidos por profesionales adecuadamente capacitados y experimentados. La conversación en grupo dirigida por expertos puede contribuir a que los afectados por el trauma se den cuenta de que con frecuencia, otras personas en las mismas circunstancias experimentan reacciones y emociones similares, facilitando su procesamiento.
  • Adoptar comportamientos saludables para mejorar su capacidad de enfrentar el estrés excesivo. Consumir comidas bien balanceada y descansar lo suficiente. Si existen dificultades para dormir, podría encontrarse algún alivio con técnicas de relajación. Es conveniente evitar el consumo de alcohol y drogas.
  • Crear o restablecer rutinas como comer en horas regulares y seguir un programa de ejercitación. Tomarse un receso de las demandas de la vida cotidiana dedicándose a pasatiempos u otras actividades agradables.
  • Si es posible, evitar tomar importantes decisiones en su vida como cambiar de carrera o de empleo, pues estas actividades tienden a ser altamente estresantes.

¿Cuándo debo buscar ayuda profesional?

Algunas personas pueden manejar con efectividad las demandas emocionales y físicas provocadas por acontecimientos traumáticos, usando sus propios sistemas de apoyo. Sin embargo, no es inusual que los problemas serios persistan y sigan interfiriendo en la vida cotidiana. Por ejemplo, algunos pueden sentir un nerviosismo abrumados o una tristeza persistente que afecta negativamente su rendimiento laboral y sus relaciones interpersonales.

Las personas con reacciones prolongadas que interfieren en su funcionamiento cotidiano deben consultar con un profesional de salud mental capacitado y experimentado. Los psicólogos y otros profesionales de salud mental ayudan a que conozcamos las respuestas normales al estrés extremo. Estos profesionales trabajan con las personas afectadas por el trauma, para ayudarlas a encontrar formas constructivas de enfrentar el impacto emocional.

En el caso de los niños, los arranques emocionales continuos y agresivos, los problemas serios en la escuela, la preocupación por el acontecimiento traumático, el alejamiento continuo y extremo y otras señales de ansiedad intensa o dificultades emocionales, resaltan la necesidad de ayuda profesional. Un profesional calificado de salud mental puede ayudar a que esos niños y sus padres comprendan y controlen los pensamientos, sentimientos y conductas resultantes del acontecimiento traumático.

 

Fuente:  American Psychological Association  “Consejos para recuperarse después de un desastre”. Puede leer el artículo en este link: http://www.apa.org/centrodeapoyo/consejos-desastres.aspx

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

La importancia de la escucha activa para los profesionales de la salud

Uno de los mayores problemas que tenemos los profesionales de la salud a la hora de llevar a cabo una comunicación eficaz es el poco o nulo ejercicio de la escucha. Como generalmente somos poseedores de la información respecto a lo que hay que hacer, o bien, a lo que se ha hecho para mejorar el estado de salud del paciente, estamos habituados a “hablar”: informamos, damos al paciente indicaciones, pautas, la medicación que debe tomar, etc, pero no nos planteamos que escuchar al paciente o la familia puede tener, por sí mismo, un efecto sanador.

Oír y escuchar son dos verbos que se suelen utilizar indistintamente para una misma cosa, sin embargo, no tienen el mismo significado. El verbo oír, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: percibir los sonidos con el oído, por tanto, oír está relacionado con el proceso fisiológico auditivo, a través del mismo, se perciben kas vibraciones de sonido. Es un acto involuntario, queramos o no esas vibraciones van a llegar a nuestro cerebro. En cambio, escuchar, significa prestar atención a lo que se oye. Es un proceso psicológico que, a partir de lo que se está oyendo hace que el que escucha se sumerja en el mundo interior del que lo expresa. “Escuchar activamente” es, por lo tanto, un acto voluntario que va acompañado de un esfuerzo mayor por parte de la persona que escucha, lleva implícito poner atención e interés para sentir lo que el otro siente cuando nos lo manifiesta.
La escucha tiene la capacidad de “aliviar” tensiones. La mayoría de las veces que un paciente y/o familia se siente incomprendido es porque no ha tenido la posibilidad de poder expresar abiertamente sus dudas y temores. Escuchando activamente damos al otro la posibilidad de compartirlas, proporcionando apoyo emocional. Escuchar supone observar al otro. Compaginando la escucha con la mirada podemos transmitir acogida, inspirar confianza,  proporcionar atención y habilitar a la persona manifestar lo que realmente le preocupa.
El enemigo más importante de la escucha activa es el “ruido”, y no tanto el ruido como un hecho físico, sino todo aquello que dificulta prestar atención al otro. Algunos elementos que producen “ruido” y que impiden la escucha activa:
– El apuro
– El prejuicio, la tendencia a hacer juicios de valor anticipados sobre lo que nos cuentan, llegando a conclusiones demasiado prematuras.
– Las resonancias excesivamente movilizantes de lo que nos cuenta respecto de nuestra propia historia
– La ansiedad por la cercanía con el otro
– La tendencia a  dar consejos que no se han pedido
Escuchar de manera activa significa superar la barrera que imponen estos elementos. Cuando esta barrera se supera, la escucha se convierte en un acto de ayuda.
Ciertas variables ayudan a escuchar activamente:
»La paciencia
»El respeto
»Tono de voz calmo
»Postura adecuada
»La mirada dirigida al otro
»Asentir
»Resumir lo que el otro dice o parafrasear
El objetivo de una buena escucha es que sirva, como decíamos anteriormente, de catalizador. Escuchando activamente podemos explorar como vive el otro lo que nos cuenta, cuáles son sus expectativas, hasta donde comprende los hechos. Obviamente no se trata de dar respuesta a todos sus problemas, entre otras cosas, porque es la persona quien tiene esa respuesta, como dice Edgar Jackson, “lo importante no es lo que la vida te hace, sino lo que tú haces con lo que la vida te hace”. El papel del que escucha es catalizar el proceso para que, con ayuda, la misma persona pueda resolverlo.
Ante la presencia de actitudes agresivas, la escucha activa puede suavizar tensiones. Permitir expresar las emociones reduce la hostilidad. Si bien es cierto que no basta con escuchar, de alguna forma hay que transmitir que se está haciendo, por lo que hay que interpretar el mensaje, y no sólo el verbal, sino también el del contenido emocional de la hostilidad. Si la escucha no va seguida de una respuesta de comprensión, puede tener un doble efecto negativo, ya que la persona puede sentirse ignorada. Es por ello que todas las técnicas de comunicación efectivas parten de la Escucha Activa.
En situaciones de crisis emocional sentirse escuchado es sentirse aceptado y comprendido, y es a partir de este reconocimiento de su vivencia subjetiva que la persona puede empezar a aceptar su realidad.
Un estudio mencionado realizado por Lautrette y cols y publicado en New England Medical Journal, analiza precisamente la relación existente entre el estrés sufrido por familias de pacientes fallecidos en Unidades de Críticos y la duración de las entrevistas que los médicos mantuvieron con ellos. En dicho estudio queda claramente demostrado que el tiempo de “escucha” pudo aliviar los síntomas de las familias.
El estudio se realizó en 126 familiares de pacientes críticos en 22 UCIS. Se dividieron en dos grupos: los del grupo de “intervención”, tuvieron entrevistas de 30 minutos frente a 20 minutos y pasaron más tiempo hablando (14 minutos frente a 5 minutos) que los del grupo “control”. Se empleó una escala que valora síntomas relacionados con estrés postraumático, IES (Impact Event Scale) y otra de ansiedad y depresión, HADS (Hospital Anxiety and Depression Scale). Los familiares del grupo de “intervención”, mostraron unos valores de IES de 27 frente a 39 y de HADS de 11 frente a 17, significativamente más bajos que el grupo control. El estudio constata que los familiares se sintieron más aliviados porque tuvieron más tiempo para asimilar la información, y al poderse expresar y sobre todo, al sentirse escuchados, se sintieron comprendidos y facilitó la adaptación a la nueva realidad. Si bien es cierto que la entrevista duró algo más que las del grupo “control”, es muy importante resaltar (demostrado en otros estudios), que no es tan importante el tiempo de duración de las entrevistas, sino la gestión que se hace del tiempo del que se dispone, dando la posibilidad al otro de que se exprese, y por tanto sentirse escuchado.
Aquí entra en juego una frase que de tan extendida y utilizada se ha convertido en una especie de “latiguillo”: “No me tengo tiempo”.” ¿Cómo voy a pararme a escuchar cuando tengo tantas cosas por hacer?”, es decir: la presión asistencial, el poco tiempo del que dispone el profesional. Es cierto que trabajamos con mucha prisa y exigencias, pero también es cierto que el tiempo, es muchas veces la excusa que utiliza el profesional para no detenerse en el mundo interior de la familia, porque detenerse y escuchar es compartir y respetar y eso implica el esfuerzo de acercarnos y ponernos en el lugar del otro. No hace falta mucho tiempo. Es tomar la decisión de estar, escuchar y no juzgar.
El siguiente fragmento de “La Escucha” de O ́Donnell, es revelador de la necesidad que tiene una persona que se encuentra en una situación de crisis, de ser escuchado, más que de escuchar:
“Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a darme consejos, no has hecho lo que te he pedido. Cuando te pido que me escuches y tú me dices porque no tendría que sentirme así, no respetas mis sentimientos. Cuando te pido que me escuches y tú sientes el deber de hacer algo para resolver mi problema, no respondes a mis necesidades. ¡Escúchame!, todo lo que te pido es que me escuches, no que hables o que hagas, solo que me escuches. Es fácil aconsejar, pero no soy un incapaz, tal vez esté desanimado y con problemas, pero no soy un incapaz. Cuando tú haces por mí lo que yo mismo podría hacer y no necesito, no haces más que contribuir a mi inseguridad. Pero cuando aceptas, simplemente, que lo que siento me pertenece, aunque sea irracional, entonces no tengo que intentar hacértelo entender, sino empezar a descubrir lo que hay dentro de mí”.
Poner en marcha la capacidad de saber escuchar de manera activa, implica por parte del profesional de la Salud una reflexión importante. Generalmente es el paciente y/o la familia quienes escuchan lo que les tenemos que decir. La poca o mala práctica de la escucha viene agravada porque se nos entrena para saber que hacer técnicamente en cada momento: El paciente sangra: hay que contener la hemorragia, hay una herida: suturar, hay que poner sueros: elegir una vía, y aparentemente “escuchar” es no hacer nada. Sin embargo, cubre la necesidad universal de saberse aceptado, comprendido y apoyado en situaciones difíciles y, por eso, ya de por sí tiene un efecto terapéutico.

Fuente: Selección de fragmentos y modificaciones del texto  de “Comunicación en situaciones críticas” Organización Nacional de Trasplantes. Ministerio de Sanidad y Política Social. (www.ont.es) . Lucencia Creative Commons Attribution-NonCommercial

Puede leer el texto completo en este link: http://agora.ceem.org.es/wp- content/uploads/documentos/bioetica/comunicacionensituacionescriticasONT.pdf

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

V Jornadas de Medicina Narrativa del Hospital Italiano

El 22/11 el Servicio de Terapia Intensiva de Adultos participó por primera vez de las V Jornadas de Medicina Narrativa del Hospital Italiano:”Narrativas en Acción”. El Dr. Marcos Las Heras y la Lic. Mariana Pedace disertaron sobre el impacto de incluir los relatos en la práctica profesional de Terapia Intensiva.  También, compartieron su experiencia en este ámbito el equipo de Cuidados Paliativos del mismo hospital y otras instituciones que están abriendo espacio a los relatos en la actividad asistencial como el hospital El Cruce, representado por la Dra Beatriz Carballeira y el Dr Carlos Tajer.  Fue un encuentro muy enriquecedor del que surgieron nuevos proyectos institucionales e interinstitucionales para seguir trabajando en esta línea.

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

¿Qué título pondrías a tu historia en Terapia Intensiva?

Por: Lic. Mariana Pedace. Psicóloga UTIA / Psiquiatría HIBA.

Para comprender las experiencias, los seres humanos construimos significados a través del uso del lenguaje. Las palabras se van relacionando unas con otras mediante el establecimiento de una matriz que explica cómo son las cosas y, de esta manera, crea realidades. Esta matriz tiene la trama de un relato (Goncalves, Ó. F. 2002).

Los relatos facilitan la comprensión de temas complejos. Son la manera primaria de organizar nuestra vivencia y conocimiento: pensamos, aprendemos, soñamos, nos relacionamos, amamos y odiamos a través de los relatos (Carrió, S. 2016).

En ocasiones, la experiencia de un profesional en Terapia Intensiva resulta difícil de integrar a la trama narrativa de su vida por el alto impacto emocional que involucra. La falta de integración de esas vivencias genera una serie de perjuicios, tales como: malestar, insatisfacción, pérdida de sentido o propósito en el trabajo diario, entre otras (White, M., & Epston, D., 1993).

Todos los miembros de la comunidad UTI podemos desarrollar habilidades para armar relatos que nos permitan integrar  a nuestra historia personal las vivencias que tenemos en el ámbito profesional. Al hacerlo, no sólo accedemos a una comprensión más profunda de las mismas  sino que también tenemos chances de generar recursos internos para enfrentar el estrés derivado de trabajar en un sector con características tan particulares.

En esta línea, y casi como una propuesta lúdica, pedimos a distintos protagonistas de la Terapia Intensiva que respondan la siguiente pregunta:

“Imaginá que tu historia en UTI es una película o una novela, ¿qué título le pondrías?”.

Estas fueron algunas respuestas:

“Una pulseada con la muerte”, “Mi peor pesadilla” o “Acá vos de nuevo, otra vez la caída al abismo” (Jefe de Residentes de Terapia Intensiva)

“El día más triste”. (Médica Intensivista, 40 años)

“Hasta cuándo luchar” o  “Vivir una y otra vez lo mismo en qué me cambiará esta vez” (Residente de tercer año de Terapia Intensiva, Ecuador)

“No me salves” (Médica intensivista, 32 años)

“Infierno-purgatorio-paraíso” (Médico intensivista 59 años)

Para el nombre de una novela, elegiría una frase que una vez una paciente me dijo: “Sólo quiero que me duerman”… Agrego otra frase  que me movilizó también de un paciente:  “Con el dolor a cuestas” (Lic. en Enfermería de UTI, 28 años)

Yo le pondría un título llamativo que sea una especie de mensaje para los que trabajan allí y le dan lucha día a día a cada uno de los casos que se presentan: “Si no salgo en 10 días, déjenme morir. Gracias, los quiero” (Farmacéutica, 42 años, San Luis)

“Entre la vida y la muerte”.(Lic en Enfermería. UTI, 28 años)

“Todo lo concreto de mi mundo se ha terminado,se deshacen mis certezas y mis percepciones toman el mando del día a día; el miedo siempre está….” (Médica intensivista, 39 años) 

“Mis días en Terapia… una historia de amor y de odio” (Enfermera UTI)

Los títulos elegidos son frases dichas por pacientes: “Volví a nacer” y “No me dejes solo” (Lic en Enfermera UTI, 34 años)

“Alegrías y tristezas: dos caras de la misma moneda” (residente de UTI, pcia de Bs As)

“¿Porque a veces es tan difícil?” (kinesiólogo UTI, 29 años).

“Así no quiero morir…:una historia de sufrimiento que no escuchamos” (médica intensivista, 50 años)

“Frente a mis propios miedos” ( Kinesióloga UTI, 34 años)

“Y una vez al fin, el dolor disminuyó” / “Nunca pensé que lo podía querer tanto” (Médico Intensivista, Jefe de Servicio de UTIA)

“Los demonios me siguen de dia, y me asaltan de noche”. (Kinesiólogo UTIA, Coordinador)

“Entre el cielo y la tierra”, “No se lo desearías ni a tu peor enemigo”, “Endurecerse sin perder la ternura jamás” (Lic. en Enfermería de UTIA, especialista en neurointensivismo)

“Solo tengo que sanar a mi alma” o “Nadie se ilumina, sin enfrentarse con su propia oscuridad”  (Administrativa UTIA)

“Agujas y alarmas: una noche en el infierno” y “Temporada de delirio” (Residente UTIA)

Los títulos de las historias dejan entrever la intensidad emocional que involucra ser un profesional de Terapia Intensiva. Trabajar en esta área del hospital implica estar en contacto con las pérdidas  de la salud, de la autonomía, de la vida, de los deseos, de los proyectos y de los vínculos; no obstante, al mismo tiempo, con la posibilidad, de ayudar a aquellas personas que las enfrentan a sortearlas  o atravesarlas de la mejor manera posible.

Lidiar todos los días con la enfermedad crítica y las reacciones que se dan en torno a ella no es tarea sencilla. Por el contrario, requiere de determinación e inversión de un gran esfuerzo de forma constante. Tanta “intensidad” puede hacernos plantear si vale la seguir haciéndolo pero, a su vez, nos abre las puertas a tener una perspectiva de nosotros, los otros y el mundo absolutamente enriquecedora y plena de  sentido. No cualquiera puede participar de “batallas” tan movilizantes: poner en palabras la experiencia es un arma más para seguir haciéndolo.

Gracias a todos los que aportaron a este artículo!! 

¿Te animás a contarnos qué título le pondrías vos a tu historia en UTI?

 

 

Bibilografía

Carrió, S. (2016). Teaching and learning narratives skills with health professionals. The cultivation of senses and possibilities. Vertex (Buenos Aires, Argentina), 27(128), 280.

White, M., & Epston, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos (pp. 53-87). Buenos Aires: Paidós.

Goncalves, Ó. F. (2002). Psicoterapia Cognitiva Narrativa: manual de terapia breve. Desclée de Brouwer.

Imagen: https://blog.fotolia.com/es/2015/12/15/larga-vida-al-papel/

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

El duelo: qué es y cómo enfrentarlo

De todas las pérdidas que sufre el ser humano, la más temida es la pérdida de la vida, tanto si es la propia, como si atañe a la de un ser querido. Cuando se trata de la muerte de un ser querido, el apego a la relación y la ruptura de esos lazos afectivos, desencadenan todo el mosaico de emociones que componen el duelo. El duelo, por tanto, es la respuesta ante una pérdida, una separación. El origen de la palabra proviene del latín dolus, dolor, y es la respuesta natural de sensaciones emotivas y a veces incluso físicas ante la pérdida de la relación con algo o con alguien.  (…)

La cultura de la muerte ha variado mucho en muy poco tiempo. No hace tanto la gente moría en su casa, rodeada de sus seres más queridos y de un entorno facilitador de las emociones. Los familiares y amigos tenían un objetivo: apoyar a los dolientes, sin embargo, en los últimos tiempos la expresión social del duelo también se ha visto modificada, y a veces se hace especialmente difícil superarlo puesto que hay menos apoyos externos. Los avances técnicos en la medicina son uno de los factores que han propiciado que hoy día, la mayoría de las personas mueran en el hospital, medio extraño y entre personas extrañas, los profesionales. Ha cambiado en la actualidad, no el dolor, que es lo único que permanece, sino la forma de expresarlo y este cambio en la expresión del dolor hace que para muchas personas se haga especialmente difícil la adaptación a la pérdida. Las primeras manifestaciones de duelo, las emociones más intensas y dolorosas, van a tener lugar cuando las personas se encuentran todavía en el entorno hospitalario y ante personas, los profesionales de la salud, que no estamos preparados para proporcionar el apoyo necesario en esos momentos. (…)

Tareas del duelo 

El denominador común ante la pérdida de un ser querido es el dolor. El duelo es una experiencia personal y compleja que se va a experimentar de muchas formas. Deja al superviviente desvalido y sumido en un caos emocional. William Worden plantea la realización de cuatro tareas para elaborar el proceso de duelo y completarlo de manera eficaz. En su libro “El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia” plantea el duelo como un trabajo y por lo tanto implica un gran esfuerzo por parte del doliente para llegar a adaptarse al medio sin el ser querido.

Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida

La primera tarea para elaborar el duelo debe ser afrontar la realidad de la pérdida. Tras la muerte de un ser querido suele estar presente la negación a aceptar el hecho. Es frecuente que el doliente se resista a creer que no va a tener más al ser querido. A veces la negación está relacionada con un mecanismo de defensa ante el dolor que produce la dificultad de aceptar lo irreversible de la pérdida y la imposibilidad de sustituir la relación. La negación a aceptar el hecho suele aumentar cuanto más inesperada es la pérdida y mayor es la intensidad de los lazos afectivos creados. La negación puede adoptar diferentes formas, no tiene por qué ser exclusivamente verbal. El doliente puede manifestar la negación ante la pérdida con actitudes que demuestran que no está asumida como tal. No son infrecuentes preguntas tales como “Pero no tiene fiebre, ¿verdad, doctor?”, tras haber comunicado una mala noticia o un mal pronóstico. Negar la realidad puede ir desde una ligera resistencia a situaciones de gran negación, en las que dicha resistencia impide que comience el duelo. Resolver esta tarea lleva tiempo porque implica no sólo la aceptación de la pérdida con la cabeza, sino también la aceptación con el corazón, es decir, con las emociones.

Tarea 2: Expresar las emociones y el dolor

Cuando se habla del dolor producido por la pérdida de un ser querido, se incluye también el dolor físico que muchas veces se experimenta junto con el dolor emocional. Parkes afirma que el hecho de evitar o reprimir el dolor puede prolongar el proceso de duelo, siendo a veces el entorno del doliente quien propicia que el duelo no siga su curso normal. Animar al sobreviviente con frases hechas tales como, “tienes que ser fuerte”, “no llores”, “ha sido mejor así”, etc, no consuela, lo que hace es en definitiva distraer del dolor. Con este tipo de frases hechas es más que probable que no se ayude a elaborar adecuadamente esta tarea y que incluso pueda desencadenar duelos patológicos. Parkes afirma que evitar o suprimir algunas reacciones de dolor podría prolongar el duelo.

Hoy día han desaparecido de tal manera las costumbres asociadas a la pérdida de un ser querido que hay pocos signos externos que “animen” a ayudar a los dolientes. La costumbre de vestir de negro, no tan lejana, era una manera de comunicar al entorno social que se había perdido a un ser querido y por lo tanto se estaba de luto. El entorno preguntaba al doliente que en cierto modo se sentía “autorizado” a manifestar lo ocurrido. Hoy día no sólo no hay manifestaciones externas que indiquen la pérdida, sino que se trata de evitar de alguna forma que el sobreviviente piense siquiera en lo ocurrido. John Bowlby asegura que tarde o temprano aquellos que evitan el duelo de forma consciente sufren alguna forma de depresión. Es probable que si esta tarea no se resuelve adecuadamente el doliente necesite ayuda más adelante, cuando quizás las condiciones no le sean tan favorables, ya que es al principio de sucederse la pérdida cuando el sobreviviente dispone de más apoyos externos, familiares y amigos.

Tarea 3: Adaptarse al medio sin el ser querido

La tremenda experiencia de la pérdida de un ser querido es vivida de forma diferente según las personas en función de la relación con el fallecido y la naturaleza de la pérdida. La vida ya nunca es igual, el sobreviviente se siente extraño en un mundo donde el ser querido ya no está. Carl Lewis tras la muerte de su esposa, dice: “Oigo sonar una campana y una cierta calidad que antes tenía su tañido se ha esfumado. ¿Qué pasa con el mundo para que se haya vuelto tan chato, tan mezquino, para que parezca tan gastado?. (Una pena en observación)

Para muchas personas la pérdida del ser querido les obliga a adoptar otros roles que implican un esfuerzo adicional que tienen que asumir, y es cierto que en numerosas ocasiones el doliente no es consciente de los roles que tiene que asumir hasta pasado un tiempo. Este es el caso de las viudas, en el que además de la pérdida del esposo, en ocasiones, desaparece la persona que llevada el control económico “del papeleo”, es también el caso de viudos que han de asumir el control de todas las funciones domésticas.

No es infrecuente la percepción del superviviente como de falta de control y pérdida de rumbo. Además de la pérdida afectiva, el sobreviviente tiene que asumir roles que antes estaban reservados al fallecido. Resolver esta tarea de manera adecuada les proporciona el desarrollo de habilidades que antes no tenían y facilita la percepción de un nuevo sentido del entorno.

Tarea 4: Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar con la vida

Hay cierta resistencia a adaptarse a un medio sin el ser querido puesto que parece que continuar la vida sin él significa olvido. Nunca se olvida a la persona que se ha perdido y superar la pérdida no significa que se le olvide, sino que se le recoloca emocionalmente, de manera que pueda permitir al doliente continuar la vida sin el ser querido. Llevar a cabo de manera adecuada esta tarea es complicado ya que a veces cierta resistencia a hacerlo por confundirlo con un cierto tipo de “olvido”, sin embargo llevarla a cabo de manera adecuada permite invertir la energía en otras relaciones sin que eso signifique que no se quiere o que se olvida al ser querido.

No podríamos decir cuánto dura el proceso de duelo. El duelo es una respuesta personal y su duración puede variar entre uno y tres años, en función de muchos factores, como hemos visto. Sí podríamos decir que se ha elaborado un duelo de manera normal cuando el doliente es capaz de hablar del fallecido sin dolor, sin que se produzcan manifestaciones como el llanto o el vacío interior. Freud escribe a su amigo Binswnager tras la muerte de su hijo: “Encontramos un lugar para lo que perdemos. Aunque sabemos que después de la pérdida la fase aguda de duelo se calmará, también sabemos que permaneceremos inconsolables y que nunca encontraremos un sustituto. No importa qué es lo que llena el vacío, incluso si lo llena completamente, siempre hay algo más”, (Duelo y Melancolía). Podría darse por terminado el proceso cuando se han elaborado las tareas y la persona es capaz de recuperar el interés por la vida, invirtiendo las emociones en los vivos, en definitiva, adaptándose a una vida donde el ser querido ya no está.  (…)

Manifestaciones del duelo normal a modo de resumen (Worden)

  • Sentimientos: Tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, shock, anhelo, alivio, insensibilidad.
  • Sensaciones físicas: Vacío, opresión torácica, opresión de garganta, angustia, ahogo, falta de energía, debilidad muscular.
  • Cogniciones: Negación, Confusión, preocupación, alucinaciones, irrealidad.
  • Conductas: Llanto, aislamiento social, búsqueda, llevar objetos pertenecientes al ser querido, dificultad de concentración, trastornos del sueño y alimenticios, agresividad.

Los autores coinciden en que todas ellas son reacciones normales en el duelo por anómalas que parezcan, sobre todo en el inicio del mismo, otra cosa es cuando se prolongan en el tiempo o se hacen crónicas.

Papel de los profesionales en el inicio del duelo

(…) el duelo que se experimenta por la pérdida de un ser querido está relacionado con la causa de la muerte, las circunstancias personales y los apoyos externos. El abanico de emociones que se sucede tras la pérdida varía también en el tiempo, las manifestaciones de duelo no son las mismas, al menos en la intensidad, tras conocer la noticia, que pasados unos meses. Desde el punto de vista de los profesionales sanitarios que comunican las malas noticias y tienen contacto con las familias, nos interesa conocer la inmediatez del duelo, es decir, la manifestación de las emociones que se producen tras comunicar la muerte del paciente, y por tanto de la familia al conocer la pérdida del ser querido. Los profesionales sanitarios cada vez están más y mejor preparados técnicamente para cuidar y curar las patologías más graves. Sin embargo, ni a los médicos ni a las enfermeras se les prepara para algo que forma parte de la cotidianidad de su trabajo: la comunicación de malas noticias y la atención en el inicio del duelo. No obstante, la investigación indica que la forma como se inicie el duelo es de vital importancia en su resolución (Wright).

La falta de preparación de los profesionales en el manejo de duelo de las familias es una barrera difícil de superar a la hora de afrontar el contacto con las personas que inician el duelo, y en general suele ser una fuente generadora de tensión en el profesional sanitario, lo que provoca, en muchas ocasiones la huida tras la comunicación de la mala noticia. Muchas veces tras la aparente frialdad de los profesionales se esconde un tremendo miedo a no saber qué hacer para ayudar. Sin embargo, la percepción del doliente es otra y sentirse incomprendido puede aumentar la intensidad de las emociones.

Las funciones del profesional sanitario en el inicio del duelo incluyen:

1.- Reducir el daño potencial de la muerte, a través de una relación basada en el respeto a la persona

2.- Proporcionar alivio en el sufrimiento y apoyo emocional

3.- Facilitar la expresión de emociones y estimular la verbalización de las mismas.

4.- Ayudar, sin connotaciones morales, a reconocer todos los sentimientos iniciales como naturales: la rabia, la culpa, el alivio, etc

En definitiva, se trata de establecer en el duelo una relación que facilite su elaboración.

 

Fuente: Selección de Fragmentos realizada por Mariana Pedace de “Comunicación en situaciones críticas” Organización Nacional de Trasplantes. Ministerio de Sanidad y Política Social. www.ont.es. 

Puede leer el texto completo en este link: http://agora.ceem.org.es/wp- content/uploads/documentos/bioetica/comunicacionensituacionescriticasONT.pdf

Imagen tomada de Revista Salud Coomeva  La importancia de vivir un duelo 

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK

Cuando el paciente sabe que se va a morir

“La amenaza que representa para alguien la posibilidad de padecer dolores, enfermedades o lesiones puede ser tan profunda que llegue a igualar los efectos reales que éstos tendrían sobre su cuerpo” (Hastings, I. 1996. tr 2005. Los fines de la medicina.).

Sufrimiento, miedo, angustia, ansiedad, irritabilidad y amenaza son términos psicológicos que aparecen con frecuencia en el transcurso de la evolución de una enfermedad. Su consideración es inseparable de las molestias producidas por los problemas físicos. Muchos pacientes suelen sumar a sus trastornos somáticos trastornos emocionales, dificultades en el hogar, problemas financieros y fatiga familiar, pudiendo en la mayoría de los casos transformarse en una carga excesiva difícil de sobrellevar (Astudillo y Mendinueta).

Esta diversidad de manifestaciones anímicas en el contexto del padecimiento orgánico da cuenta de la imposibilidad de pensar la enfermedad y su tratamiento sólo desde la perspectiva biológica, siendo necesaria una mirada integradora.

No se trata ya de preservar la vida a cualquier precio sino de aliviar en lo posible el sufrimiento y tratar de conservar la vida que, a juicio del enfermo, merezca ser vivida.

La inclusión de la dimensión psicológica en la filosofía del cuidado, en el sistema sanitario y en la modalidad interdisciplinaria, implica uno de los grandes desafíos para los profesionales, los pacientes y las familias.

¿Qué ocurre cuando alguien gravemente enfermo tiene la percepción certera de que puede morir? Muchas veces nos encontramos con pacientes que, al registrar la progresiva limitación funcional pueden producir como primera respuesta síntomas tales como angustia, ansiedad y tristeza, pero que luego de un trabajo de elaboración logran adaptarse y ajustarse a esta nueva realidad. Otras veces la respuesta, seguramente más ruidosa para el equipo de salud, puede llevar al paciente a negar la realidad percibida, conduciéndolo a situaciones que aumentan la posibilidad de sufrimiento por no reconocer la progresión de la enfermedad y la frustración que tendrá lugar.

El encuentro de la persona frente a la idea de morir

Vivir con una enfermedad no sólo amenazante sino limitante de la vida es, sin lugar a dudas, un desafío.

Recibir un diagnóstico de una enfermedad grave implica habitualmente un efecto inicial catastrófico y traumático para quien lo recibe. El impacto recala en las expectativas del futuro que empiezan a desmoronarse, en los proyectos que se tenían y que comienzan a perder realidad y sentido. La incertidumbre gana terreno y frente a este panorama el camino a la desesperación queda allanado. Se trata de enfermedades limitantes de la vida que desestabilizan la existencia de la persona y con ella la de su contexto familiar y afectivo más próximo.

Una enfermedad grave, amenazante y limitante es un acontecimiento disruptivo en la vida de alguien, que puede representar distintos significados y que producirá como respuesta inicial un estado de shock e incredulidad. Así nos encontramos con situaciones tales como: «Esto no puede pasarme a mí»; «es como estar viviendo una pesadilla»; «me voy a morir». Y también con hechos de negación desadaptativa, como por ejemplo desoír las indicaciones médicas, demorar el inicio de los tratamientos. El autor Canguilhem escribe que «…nunca somos tan conscientes de nuestro cuerpo, como cuando nos anuncian la posibilidad de una enfermedad mortal. La vida se vuelve inconmensurable, cuando caemos en la cuenta de que nadie nos garantiza que podamos llegar al final del día…». El desafío es, entonces, armar una vida entre la incertidumbre por el futuro y la certeza de la realidad que plantea la enfermedad. Se trata de armar una vida sobre la base de un nuevo conocimiento pero que de ninguna manera puede limitarse al hecho de que se está enfermo.

Uno de los pilares fundamentales en que se basa la atención es el control de síntomas, en virtud de conseguir el mayor bienestar posible tanto para el enfermo como para su familia y el contexto de vínculos significativos.

¿Cuáles son las manifestaciones anímicas frecuentes en la evolución de la enfermedad amenazante? R. Buckman plantea un modelo de tres fases de adaptación a la enfermedad amenazante en torno a las cuales es posible ubicar la emergencia de síntomas anímicos particulares. Parte de la idea de lo que sucede en la vida cotidiana respecto a la idea de muerte que alguien puede tener: «Sé que moriré algún día, pero normalmente me comporto como si no fuera verdad». A partir de allí plantea las tres fases:

Fase inicial «Ahora me doy cuenta de que podría morir de esta enfermedad en particular».

Fase media «Me doy cuenta de que moriré de esta enfermedad, pero todavía no me estoy muriendo».

Fase final «Me estoy muriendo».

Sobre la base de este proceso de adaptación es posible ubicar la emergencia de manifestaciones subjetivas anímicas, que en la mayoría de los casos no constituyen trastornos psiquiátricos puros sino trastornos de adaptación al proceso de enfermedad-tratamiento-pronóstico-desenlace. Las manifestaciones más frecuentes son:

• Depresión, estado de ánimo depresivo.

• Ansiedad, angustia.

• Shock, paralización.

• Pena, aflicción, llanto.

• Miedo, pánico.

• Inquietud, agitación.

• Preocupación, obsesión.

• Negación.

Intervenciones posibles frente a los síntomas psicológicos

El objetivo de la intervención radica en lograr la mejor calidad de vida posible para cada paciente en cada momento. Partiendo de la idea de que la calidad de vida es la menor brecha posible entre la realidad y las expectativas, se tratará de acomodar esa distancia manteniendo la esperanza. Cuando la distancia entre la realidad y las expectativas es elevada, emerge lo que llamaríamos el sufrimiento existencial. Tomando en consideración el campo de posibles manifestaciones subjetivas en torno a las vicisitudes de la calidad de vida y del impacto de la enfermedad, proponemos las siguientes intervenciones:

• Escucha activa y atenta para lograr un mejor diálogo y vínculo empático con el paciente.

• Escucha y orientación a la familia o entorno próximo.

• Favorecer el sostenimiento de una esperanza realista.

• Legitimación de las emociones “difíciles” (tristeza, miedo, ira), que habitualmente son propias del proceso adaptativo y en sí mismas no implican un estado psicopatológico.  Esto significa no cuestionarlas ni impedir que el paciente las manifieste, sino validarlas como comprensibles en el momento que está atravesando.

• Esclarecimiento de dudas.

• Preferencia por un plan de acciones alcanzables, en el aquí y el ahora (p. ej.: almorzar sentado a la mesa, para quien está en reposo obligado, suele ser más alcanzable que regresar al trabajo).

• Disminución del umbral de frustración mediante el ajuste entre las expectativas y la realidad. Cuando los síntomas psicológicos interfieren sostenidamente con la calidad de vida del paciente y su familia, es recomendable:

• Derivación para soporte psicoterapéutico especializado.

Para finalizar, no debemos olvidar que «Los que sufren no son los cuerpos; son las personas».Eric Casell

 

Texto tomado y modificado por Mariana Pedace de “Manual de cuidados paliativos para la atención primaria de la salud” Ministerio de Salud de la Nación, Primera edición 2014, Bs As,. Argentina.  Licenciado bajo Creative Commons.

Puede leer el original haciendo click en el siguiente link. http://www.msal.gov.ar/inc/recursos-de-comunicacion/manual-de-cuidados-paliativos-para-la-atencion-primaria-de-la-salud/

Imagen: The Economist. Campaña Muerte Digna

Compartir en: Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on VK