El duelo: qué es y cómo enfrentarlo

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De todas las pérdidas que sufre el ser humano, la más temida es la pérdida de la vida, tanto si es la propia, como si atañe a la de un ser querido. Cuando se trata de la muerte de un ser querido, el apego a la relación y la ruptura de esos lazos afectivos, desencadenan todo el mosaico de emociones que componen el duelo. El duelo, por tanto, es la respuesta ante una pérdida, una separación. El origen de la palabra proviene del latín dolus, dolor, y es la respuesta natural de sensaciones emotivas y a veces incluso físicas ante la pérdida de la relación con algo o con alguien.  (…)

La cultura de la muerte ha variado mucho en muy poco tiempo. No hace tanto la gente moría en su casa, rodeada de sus seres más queridos y de un entorno facilitador de las emociones. Los familiares y amigos tenían un objetivo: apoyar a los dolientes, sin embargo, en los últimos tiempos la expresión social del duelo también se ha visto modificada, y a veces se hace especialmente difícil superarlo puesto que hay menos apoyos externos. Los avances técnicos en la medicina son uno de los factores que han propiciado que hoy día, la mayoría de las personas mueran en el hospital, medio extraño y entre personas extrañas, los profesionales. Ha cambiado en la actualidad, no el dolor, que es lo único que permanece, sino la forma de expresarlo y este cambio en la expresión del dolor hace que para muchas personas se haga especialmente difícil la adaptación a la pérdida. Las primeras manifestaciones de duelo, las emociones más intensas y dolorosas, van a tener lugar cuando las personas se encuentran todavía en el entorno hospitalario y ante personas, los profesionales de la salud, que no estamos preparados para proporcionar el apoyo necesario en esos momentos. (…)

Tareas del duelo 

El denominador común ante la pérdida de un ser querido es el dolor. El duelo es una experiencia personal y compleja que se va a experimentar de muchas formas. Deja al superviviente desvalido y sumido en un caos emocional. William Worden plantea la realización de cuatro tareas para elaborar el proceso de duelo y completarlo de manera eficaz. En su libro “El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia” plantea el duelo como un trabajo y por lo tanto implica un gran esfuerzo por parte del doliente para llegar a adaptarse al medio sin el ser querido.

Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida

La primera tarea para elaborar el duelo debe ser afrontar la realidad de la pérdida. Tras la muerte de un ser querido suele estar presente la negación a aceptar el hecho. Es frecuente que el doliente se resista a creer que no va a tener más al ser querido. A veces la negación está relacionada con un mecanismo de defensa ante el dolor que produce la dificultad de aceptar lo irreversible de la pérdida y la imposibilidad de sustituir la relación. La negación a aceptar el hecho suele aumentar cuanto más inesperada es la pérdida y mayor es la intensidad de los lazos afectivos creados. La negación puede adoptar diferentes formas, no tiene por qué ser exclusivamente verbal. El doliente puede manifestar la negación ante la pérdida con actitudes que demuestran que no está asumida como tal. No son infrecuentes preguntas tales como “Pero no tiene fiebre, ¿verdad, doctor?”, tras haber comunicado una mala noticia o un mal pronóstico. Negar la realidad puede ir desde una ligera resistencia a situaciones de gran negación, en las que dicha resistencia impide que comience el duelo. Resolver esta tarea lleva tiempo porque implica no sólo la aceptación de la pérdida con la cabeza, sino también la aceptación con el corazón, es decir, con las emociones.

Tarea 2: Expresar las emociones y el dolor

Cuando se habla del dolor producido por la pérdida de un ser querido, se incluye también el dolor físico que muchas veces se experimenta junto con el dolor emocional. Parkes afirma que el hecho de evitar o reprimir el dolor puede prolongar el proceso de duelo, siendo a veces el entorno del doliente quien propicia que el duelo no siga su curso normal. Animar al sobreviviente con frases hechas tales como, “tienes que ser fuerte”, “no llores”, “ha sido mejor así”, etc, no consuela, lo que hace es en definitiva distraer del dolor. Con este tipo de frases hechas es más que probable que no se ayude a elaborar adecuadamente esta tarea y que incluso pueda desencadenar duelos patológicos. Parkes afirma que evitar o suprimir algunas reacciones de dolor podría prolongar el duelo.

Hoy día han desaparecido de tal manera las costumbres asociadas a la pérdida de un ser querido que hay pocos signos externos que “animen” a ayudar a los dolientes. La costumbre de vestir de negro, no tan lejana, era una manera de comunicar al entorno social que se había perdido a un ser querido y por lo tanto se estaba de luto. El entorno preguntaba al doliente que en cierto modo se sentía “autorizado” a manifestar lo ocurrido. Hoy día no sólo no hay manifestaciones externas que indiquen la pérdida, sino que se trata de evitar de alguna forma que el sobreviviente piense siquiera en lo ocurrido. John Bowlby asegura que tarde o temprano aquellos que evitan el duelo de forma consciente sufren alguna forma de depresión. Es probable que si esta tarea no se resuelve adecuadamente el doliente necesite ayuda más adelante, cuando quizás las condiciones no le sean tan favorables, ya que es al principio de sucederse la pérdida cuando el sobreviviente dispone de más apoyos externos, familiares y amigos.

Tarea 3: Adaptarse al medio sin el ser querido

La tremenda experiencia de la pérdida de un ser querido es vivida de forma diferente según las personas en función de la relación con el fallecido y la naturaleza de la pérdida. La vida ya nunca es igual, el sobreviviente se siente extraño en un mundo donde el ser querido ya no está. Carl Lewis tras la muerte de su esposa, dice: “Oigo sonar una campana y una cierta calidad que antes tenía su tañido se ha esfumado. ¿Qué pasa con el mundo para que se haya vuelto tan chato, tan mezquino, para que parezca tan gastado?. (Una pena en observación)

Para muchas personas la pérdida del ser querido les obliga a adoptar otros roles que implican un esfuerzo adicional que tienen que asumir, y es cierto que en numerosas ocasiones el doliente no es consciente de los roles que tiene que asumir hasta pasado un tiempo. Este es el caso de las viudas, en el que además de la pérdida del esposo, en ocasiones, desaparece la persona que llevada el control económico “del papeleo”, es también el caso de viudos que han de asumir el control de todas las funciones domésticas.

No es infrecuente la percepción del superviviente como de falta de control y pérdida de rumbo. Además de la pérdida afectiva, el sobreviviente tiene que asumir roles que antes estaban reservados al fallecido. Resolver esta tarea de manera adecuada les proporciona el desarrollo de habilidades que antes no tenían y facilita la percepción de un nuevo sentido del entorno.

Tarea 4: Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar con la vida

Hay cierta resistencia a adaptarse a un medio sin el ser querido puesto que parece que continuar la vida sin él significa olvido. Nunca se olvida a la persona que se ha perdido y superar la pérdida no significa que se le olvide, sino que se le recoloca emocionalmente, de manera que pueda permitir al doliente continuar la vida sin el ser querido. Llevar a cabo de manera adecuada esta tarea es complicado ya que a veces cierta resistencia a hacerlo por confundirlo con un cierto tipo de “olvido”, sin embargo llevarla a cabo de manera adecuada permite invertir la energía en otras relaciones sin que eso signifique que no se quiere o que se olvida al ser querido.

No podríamos decir cuánto dura el proceso de duelo. El duelo es una respuesta personal y su duración puede variar entre uno y tres años, en función de muchos factores, como hemos visto. Sí podríamos decir que se ha elaborado un duelo de manera normal cuando el doliente es capaz de hablar del fallecido sin dolor, sin que se produzcan manifestaciones como el llanto o el vacío interior. Freud escribe a su amigo Binswnager tras la muerte de su hijo: “Encontramos un lugar para lo que perdemos. Aunque sabemos que después de la pérdida la fase aguda de duelo se calmará, también sabemos que permaneceremos inconsolables y que nunca encontraremos un sustituto. No importa qué es lo que llena el vacío, incluso si lo llena completamente, siempre hay algo más”, (Duelo y Melancolía). Podría darse por terminado el proceso cuando se han elaborado las tareas y la persona es capaz de recuperar el interés por la vida, invirtiendo las emociones en los vivos, en definitiva, adaptándose a una vida donde el ser querido ya no está.  (…)

Manifestaciones del duelo normal a modo de resumen (Worden)

  • Sentimientos: Tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, shock, anhelo, alivio, insensibilidad.
  • Sensaciones físicas: Vacío, opresión torácica, opresión de garganta, angustia, ahogo, falta de energía, debilidad muscular.
  • Cogniciones: Negación, Confusión, preocupación, alucinaciones, irrealidad.
  • Conductas: Llanto, aislamiento social, búsqueda, llevar objetos pertenecientes al ser querido, dificultad de concentración, trastornos del sueño y alimenticios, agresividad.

Los autores coinciden en que todas ellas son reacciones normales en el duelo por anómalas que parezcan, sobre todo en el inicio del mismo, otra cosa es cuando se prolongan en el tiempo o se hacen crónicas.

Papel de los profesionales en el inicio del duelo

(…) el duelo que se experimenta por la pérdida de un ser querido está relacionado con la causa de la muerte, las circunstancias personales y los apoyos externos. El abanico de emociones que se sucede tras la pérdida varía también en el tiempo, las manifestaciones de duelo no son las mismas, al menos en la intensidad, tras conocer la noticia, que pasados unos meses. Desde el punto de vista de los profesionales sanitarios que comunican las malas noticias y tienen contacto con las familias, nos interesa conocer la inmediatez del duelo, es decir, la manifestación de las emociones que se producen tras comunicar la muerte del paciente, y por tanto de la familia al conocer la pérdida del ser querido. Los profesionales sanitarios cada vez están más y mejor preparados técnicamente para cuidar y curar las patologías más graves. Sin embargo, ni a los médicos ni a las enfermeras se les prepara para algo que forma parte de la cotidianidad de su trabajo: la comunicación de malas noticias y la atención en el inicio del duelo. No obstante, la investigación indica que la forma como se inicie el duelo es de vital importancia en su resolución (Wright).

La falta de preparación de los profesionales en el manejo de duelo de las familias es una barrera difícil de superar a la hora de afrontar el contacto con las personas que inician el duelo, y en general suele ser una fuente generadora de tensión en el profesional sanitario, lo que provoca, en muchas ocasiones la huida tras la comunicación de la mala noticia. Muchas veces tras la aparente frialdad de los profesionales se esconde un tremendo miedo a no saber qué hacer para ayudar. Sin embargo, la percepción del doliente es otra y sentirse incomprendido puede aumentar la intensidad de las emociones.

Las funciones del profesional sanitario en el inicio del duelo incluyen:

1.- Reducir el daño potencial de la muerte, a través de una relación basada en el respeto a la persona

2.- Proporcionar alivio en el sufrimiento y apoyo emocional

3.- Facilitar la expresión de emociones y estimular la verbalización de las mismas.

4.- Ayudar, sin connotaciones morales, a reconocer todos los sentimientos iniciales como naturales: la rabia, la culpa, el alivio, etc

En definitiva, se trata de establecer en el duelo una relación que facilite su elaboración.

 

Fuente: Selección de Fragmentos realizada por Mariana Pedace de “Comunicación en situaciones críticas” Organización Nacional de Trasplantes. Ministerio de Sanidad y Política Social. www.ont.es. 

Puede leer el texto completo en este link: http://agora.ceem.org.es/wp- content/uploads/documentos/bioetica/comunicacionensituacionescriticasONT.pdf

Imagen tomada de Revista Salud Coomeva  La importancia de vivir un duelo 

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