Trasplante de Órganos: vivencia e impacto psicológico

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“Cuando estaba en diálisis creí que me moría, no por la diálisis en sí, sino porque sentía que había llegado el final de mi vida. Aun así me dije: “quiero dejar algo de mi paso por aquí” y empecé a trabajar para mejorar la experiencia de mis compañeros de diálisis… Decidí modificar un poco el lugar donde pasábamos horas: cambié los sillones, las mantas, las tazas y organicé una biblioteca. También, promovi algunas actividades como el “amigo invisible”, la lectura de cuentos, cantos para Navidad y logré que nos visite una vez por semana el jefe de Salud Mental de la institución. Por supuesto, en ese lapso, festejamos cumpleaños de compañeros que hoy ya no están.. La enfermedad  y el no cuidarse.se los llevó

Cuando me salió el trasplante fui la mujer más feliz.  Mi corazón latía con la certeza de que todo saldría bien. Entré con miedo al quirófano y recuerdo que hablé a todo el equipo  antes de la anestesia. Les dije -Gracias… Les deseo una hermosa vida a todos, que Dios los bendiga por lo que hacen…Si me despierto nos abrazamos otra vez…..Sino es así, por favor estúdienme entera para ver qué pasó… Si falló algo, investiguen mi cuerpo para favorecer a los que me siguen-. No recuerdo más… Luego me durmieron.

Las primeras caras que vi cuando me desperté fueron las de mis hijos y mi esposo. Necesitaba dormir y descansar para recuperarme, estaba llena de sueños: como una nebulosa. Luego, recuerdo la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Italiano. Allí temblé de emoción al ver mi vida latir con mi nuevo riñón. Recuerdo una enfermera en especial, todo amor, suavidad y sonrisa, que me  bañó y me puso crema en mi piel…. y tuvo la delicadeza de ofrecerme lápiz labial, que acepté gustosa después de tanto tiempo.

Hoy vivo en Ushuaia y cada vez que voy a control, piso fuerte, mi corazón ama al equipo que me trasplantó y mentalmente digo “gracias”. Ya no hay lugar para el miedo, jamás sentí que no fuese mío este riñón.”

Marcela Quintana. 60 años. Trasplantada renal de donante relacionado vivo (familiar). Ushuaia. Argentina 


El trasplante de órganos es una alternativa terapéutica para todos aquellos pacientes que presentan problemas graves en el funcionamiento de un órgano vital, que se propone con la expectativa de mejorar la calidad de vida. No obstante, este tipo de intervenciones puede generar durante todo el proceso (desde la propuesta del trasplante hasta la adaptación tras el alta médica) importantes efectos psicológicos. Algunos de ellos son:

Fantasías sobre el donante. Tras el trasplante, los pacientes pueden tener creencias y pensamientos muy diversos.
• Si el órgano procede de un donante cadavérico, los trasplantados pueden reaccionar de dos formas: 1) en algunas ocasiones fantasean con las características físicas y psicológicas del donante, por ejemplo, su edad, su género, su
raza, sus gustos musicales, sus estudios, etc.; estas fantasías pueden conllevar sentimientos de culpa porque piensan que otra persona ha muerto para que ellos puedan vivir ; y 2) en otras ocasiones intentan ignorar el origen del órgano en una especie de miedo a ser deudor de la salvación y tienen actitudes del estilo «esto es mío», «tenía derecho a ello», «es mi vida», es decir, sienten que la vida ha de devolverles lo que la enfermedad les había quitado .
• Si el órgano procede de un donante vivo puede establecerse una relación conflictiva entre el receptor y el donante. De hecho, Fukunishi et al. (2001) han descrito en los trasplantados hepáticos el Síndrome Psiquiátrico Paradójico, el cual ocurre a pesar de que el trasplante haya sido un éxito. Está constituido por cuatro elementos: 1) conflictos asociados al trasplante, por ejemplo, sentimientos de culpa respecto al bienestar del donante, la convicción de que para su recuperación han necesitado la mutilación de otra persona, etc.; 2) reacción adaptativa, como por ejemplo, depresión, ansiedad, somatización, etc.; 3) la reacción ocurre como una complicación tardía después del trasplante hepático (dentro del primer año después del trasplante); y 4) un estado médico favorable, tanto en los donantes, como en los receptores, sin rechazo y sin complicaciones médicas graves.

Insatisfacción con la imagen corporal. Algunos trasplantados tienen dificultades para integrar psicológicamente el órgano del donante en su propio cuerpo, de tal forma que perciben el órgano como un cuerpo extraño que introduce en ellos rasgos del donante. Este problema fue denominado por Dubovsky, Metzner y Warner (1979) como Síndrome de Frankenstein, debido a que el paciente se siente confeccionado con trozos de distintos cuerpos. La denominación se debe a la reacción de un hombre de 38 años al que se le trasplantó el hígado de una mujer y que durante el postoperatorio experimentó una grave crisis de identidad (decía «sentirse en parte una mujer»).


Las complicaciones psicológicas más importantes que podemos encontrar en un trasplantado son las siguientes.
– Trastornos del estado de ánimo. Los más frecuentes son los trastornos depresivos, con una prevalencia que oscila entre el 10 y el 58% durante los primeros años post-trasplante. La depresión en el postoperatorio es un problema clínico de gran importancia, ya que puede ser un factor de riesgo para las conductas de no adherencia, las cuales provocan en un alto porcentaje de pacientes el rechazo del órgano  

– Trastornos de ansiedad: su prevalencia oscila entre el 3 y el 33% durante los primeros años post-trasplante. El trastorno por estrés post-traumático es al que se le ha dedicado más atención, el cual tiene una incidencia del 17% en los trasplantados cardíacos . En líneas generales, estos trastornos aumentan cuando los pacientes reciben el alta hospitalaria debido fundamentalmente a dos razones: por un lado, porque pierden seguridad debido a la interrupción de una atención médica continuada e intensiva propia del hospital  y, por otro lado, porque sus familiares suelen distanciarse de ellos debido a que consideran que los pacientes han regresado a una vida completamente normal cuando aun falta bastante.

También, el trasplante puede desencadenar cambios positivos como sucede a raíz de otras experiencias extremas Por ejemplo: se documentaron:

  • Aumento de la confianza en las propias capacidades para afrontar adversidades en el futuro a partir de la experiencia de haber sobrevivido al trasplante.
  • Muchas personas ven fortalecidas sus relaciones con otras a raíz de haber vivido juntas todo el proceso. Es común la aparición de pensamientos del tipo “ahora sé quiénes son mis verdaderos amigos y me siento mucho más cerca de ellos que antes”. Por otro lado, el haber hecho frente a una experiencia tan dramática despierta en las personas sentimientos de compasión y empatía hacia el sufrimiento de otros y promueve conductas de ayuda y acercamiento.
  • También, se registraron cambios en las prioridades, la filosofía y la espiritualidad que profundizaron el sentido de la vida de las personas trasplantadas y su bienestar subjetivo.

Entre las variables psicosociales más relevantes que influyen en los efectos psicológicos asociadas al trasplante de órganos, podríamos mencionar:

Apoyo familiar. La ausencia de apoyo por parte de la familia aumenta los trastornos psicológicos en los trasplantados y además es uno de los predictores más relevantes en la falta de adherencia terapéutica por parte de los pacientes
Trastornos psicológicos en los familiares. Cuando los familiares más allegados de los pacientes trasplantados no gozan de una adecuada salud mental, deben tener un contacto emocional directo limitado con los pacientes, ya que pueden impactar negativamente en éstos.

Hospitalización. Sobre las repercusiones psicológicas de esta variable en los trasplantados se han realizado investigaciones teniendo en cuenta la duración de la hospitalización, los reingresos en el hospital debido a las complicaciones médicas tras el trasplante y el lugar de hospitalización. Respecto a los reingresos en el hospital a raíz del trasplante por complicaciones médicas, estos ejercen una influencia negativa en la salud mental de los trasplantados cardíacos aumentando su sintomatología ansiosa y depresiva y empeorando su autoconcepto (Pérez et al., 2000).
Expectativas pre-trasplante y post-trasplante. Algunas investigaciones demuestran que los trastornos depresivos son más frecuentes en la fase post-trasplante cuando los pacientes tienen unas expectativas demasiado optimistas (no esperan tener ninguna complicación física ni psicológica) antes de la operación . Por otro lado,  expectativas negativas hacia la enfermedad (por ejemplo «me siento agotado y muy débil por mi enfermedad y hay veces que no sé si realmente seré capaz de superarlo») tras el trasplante también incrementan la sintomatología ansiosa y depresiva. En estrecha relación con las expectativas hacia el trasplante aparece el tema de las motivaciones para el trasplante. Así, por ejemplo, existe cierta evidencia de que los pacientes que tienen razones positivas para desear más tiempo de vida (por ejemplo, para hacer algo que tienen pendiente) tienen mayor calidad de vida tras el trasplante que aquellos pacientes que sienten que ya han hecho en la vida todo lo que querían.
Estrategias de afrontamiento. En líneas generales, las estrategias de afrontamiento aproximativas (por ejemplo, buscar y recibir información relacionada con la salud) en comparación con las evitativas se asocian a una mayor adaptación psicológica por parte de los trasplantados. 


Según el Incucai, en el año 2016 se realizaron en Argentina 1.687 trasplantes de órganos y 937 trasplantes de córneas. Cada cinco horas una persona recibió un trasplante de órganos en nuestro país.

Del total de 1.687 trasplantes, 1.121 fueron renales, 349 hepáticos  , 109 cardíacos, 46 renopancreáticos, 33 pulmonares, 17 hepatorenales, 4 intestinales, 4 cardiorenales, 2 pancreáticos, 1 cardiopulmonar y 1 cardiohepático. Además se realizaron 937 trasplantes de córneas. Los 109 trasplantes cardiacos realizados representan la cifra más alta en registrada en nuestro país en este tipo de intervenciones.

El desafío de todo el equipo de salud frente a los trasplantes de órganos consiste en extremar las medidas para que tan compleja intervención sea exitosa, no sólo desde el punto de vista anátomo – fisiológico, sino también psicológico y subjetivo. Conocer algunos aspectos de la vivencia subjetiva del paciente puede colaborar en ese sentido. En definitiva, la mejora en la calidad de vida del paciente trasplantado sólo puede surgir si se lo aborda de manera integral e interdisciplinaria.

 

 

Tomado y modificado de: Pérez San Gregorio, M. Á., Rodríguez, A. M., & Galán Rodríguez, A. (2005). Problemas psicológicos asociados al trasplante de órganos. International Journal of Clinical and Health Psychology, 5(1).. Wweb de la Universidad de Sevilla. Puede leer el original hacendo click en este Link: https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/61165 Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional

Incucai: https://www.incucai.gov.ar/index.php/materiales-y-recursos/informes-estadisticos

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