¿Qué relación existe entre las emociones y el infarto?

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Por: Dr Carlos Tajer

En el año 1983 se realizó en el Hospital Argerich una experiencia, con la intención de explorar prospectivamente el tema: se registraron, en forma consecutiva, los relatos que se recogían de los pacientes jóvenes ingresados con infarto a la Unidad Coronaria. La estrategia era muy sencilla: el médico a cargo se acercaba a la cama del paciente, en muchos casos proponía grabar la entrevista, y le preguntaba qué le había pasado en los últimos días. La particularidad de esta investigación era que se desarrollaba a las veinticuatro o cuarenta y ocho horas del episodio, es decir, en una etapa muy cercana en la evolución del evento. Generalmente, los relatos eran muy dramáticos, se repetía un patrón en el que resaltaba la presencia de una profunda herida pública en la imagen de sí mismos. El Dr. Luis Chiozza propuso para esta emoción la denominación de ignominia, término al que después volveremos. El Dr. Schneider lo denominaba colapso narcisista. Los psicoanalistas especializados en el tema determinan que este término no tiene asidero en una concepción psicodinámica rigurosa, pero en aquel momento la expresión resultaba una forma coloquial de resumir un evento de vida complejo y difícil de expresar. Podía sintetizarse la imagen representando a una persona que en algún aspecto se creía un superhéroe y, repentinamente, la imagen de sí misma pasaba a ser la de un pequeño roedor; es decir, una imagen de sí misma superlativa se veía controvertida abruptamente, tras algún acontecimiento de su vida, y, en su interpretación, ésta lo degradaba públicamente.

Otro término que se había propuesto para la jerga cardiológica era el de zona infartante: las personas con infarto, en su mayoría, estaban viviendo en las últimas semanas o meses un contexto negativo. Esto coincidía con los índices de cambios en la vida que a través de un puntaje expresaban la acumulación de acontecimientos negativos de los últimos meses. Sobre este trasfondo negativo se inscribía un nuevo acontecimiento en las últimas horas, en el último día.

En ese momento se registraron grabaciones de más de sesenta pacientes consecutivos, y los siguientes son resúmenes de algunas de las historias relatadas en aquella época, a las que se sumaron otras más recientes:

El Sr. de las moscas o las moscas en el sándwich de milanesa: Un profesional joven, que había llegado a ser muy exitoso, que tenía un buen auto y una casa de fin de semana, tuvo luego un período negativo. Rechazaban sus proyectos por motivos que él no entendía del todo y se vio perjudicado económicamente hasta perder casi todo su patrimonio. El episodio ocurrió cuando, luego de un gran esfuerzo, comenzaba a recuperarse lentamente. Con un nuevo autito llevó a su familia de vacaciones a una playa de las menos aventajadas de la costa atlántica argentina. Paraban en un camping humilde con carpa. Le pidió a su futuro yerno que fuera a comprar un sándwich de milanesa y, cuando el chico volvió, abrió el sándwich y encontró una mosca muerta. Nuestro paciente le dijo al muchacho que vaya a reclamarle al bufetero, pero éste respondió con acusaciones, y lo echó a los gritos. Cuando el joven se lo relató al futuro paciente, éste tomó el tema personalmente y fue a reclamar en forma enérgica: increpó al vendedor preguntándole quién se creía que era, que cómo le iba a decir una cosa así, a lo que el otro respondió diciéndole: “ustedes son todos así, una manga de roñosos que vienen al camping y me quieren embromar con esto de la mosca”. Así llegaron a una discusión muy violenta. El paciente volvió a su carpa y pocas horas más tarde comenzó a sentir dolor precordial, y luego desarrolló un infarto.He tenido oportunidad de atenderlo personalmente luego del infarto y relataba que años antes, en la época económicamente buena, en una comida en un hotel de cinco estrellas le apareció una mosca en el plato. En esa ocasión recibió disculpas del chef y del gerente del restaurante, y luego recibió compensaciones e invitaciones gratuitas.

(…)

El pájaro del concurso: Hace pocos meses pasábamos con un grupo médico haciendo la recorrida de sala, en esa ocasión para saludar a un paciente que días atrás se había internado en la Unidad Coronaria por haber padecido un infarto y ya se iba de alta. Se preveía un diálogo breve y formal, pero el paciente nos recibió con otra idea. Nos dijo: “¡Usted no sabe por qué me infarté doctor!”. Y sin que pudiéramos disuadirlo, nos contó las circunstancias en que comenzó su dolor de pecho. Hombre de condición humilde, jubilado, su interés fundamental en la vida eran los pájaros de exposición. Según nos explicó, el hobby consiste en buscar pájaros en su medio natural y luego exponerlos. Los pájaros, por supuesto, deben ser capturados sin ningún tipo de daño corporal y reunir propiedades como buena apariencia y bello canto. De acuerdo con estos criterios, se seleccionan para la captura y en exposiciones periódicas se premian los mejores ejemplares. Habitualmente, esta tarea la hacía con un socio de siempre. Quedaba claro que el premio reconoce la paciencia y la constancia de estos particulares cazadores para adentrarse en zonas silvestres, buscar los pájaros, quizás pasar toda la noche y el día esperando escuchar su canto. ¿Que pasó con nuestro protagonista? Parece que el pájaro que presentó en el concurso no tenía un origen claro. Está muy mal visto en los concursos que el pájaro expuesto haya sido comprado y no capturado por el expositor, lo que constituye en este contexto una falsificación, una estafa. Durante el concurso se le acercó el presidente del club (viejo conocido, dado que nuestro paciente prácticamente vivía en ese club, centro de su vida), y le dijo: “Mire, vamos a tener que descalificar el pájaro”. Ante el pedido de explicación, el presidente contestó: “… acaba de llamar su socio y dijo que él no vino hoy porque no puede garantizar el origen de este pájaro”. Cuando comenzó a discutir y negar el hecho, apareció el dolor de pecho que lo llevó a la internación con el diagnóstico de un infarto. La estructura detrás del relato era que, al decirle a la gente que este pájaro que él tenía no era un pájaro capturado sino comprado, constituía una enorme vergüenza pública. En realidad, la acusación no era ni totalmente verdadera, porque el pájaro se lo habían dado unos chicos que estaban buscando cerca de él, ni totalmente falsa, ya que él no lo había capturado personalmente. Como señala Chiozza en la descripción de los componentes estructurales del relato de los momentos previos al infarto tiene que haber culpa de difícil atribución.

La anticipación biológica ante componentes emocionales

El Dr. Chiozza ha resumido una serie de elementos que considera constituyentes cuya presencia es ineludible en los relatos de las vivencias de quienes han padecido un infarto. Propuso globalmente la denominación de ignominia para ese estado afectivo. Este autor describe del siguiente modo el concepto: “La configuración del afecto que denominamos ignominia, del cual la cardiopatía isquémica es su equivalente ‘somático’, se establece, cuando llega como tal a la conciencia, con cinco parámetros:

1. Es inefable, pero no en el sentido de una poética puesta de sol, por ejemplo, que no puede describirse en palabras pero es agradable, sino en el sentido de algo insoportable e incalificable que se halla más allá de cualquier nominación imaginable.

2. Exige perentoriamente una solución, no es posible soportar su permanencia y evitar ‘tomarlo a pecho’.

3. No se le encuentra solución, se presenta como un dilema insoluble o como una obra de amor imposible.

4. Existe el sentimiento de una culpa que no puede ser claramente atribuida a uno mismo ni tampoco claramente adjudicada a otra persona.

5. Implica siempre una situación pública desmoralizante (en el sentido de desánimo e inmoralidad), degradante; es lo contrario  de la colación de grados, que también es una ceremonia pública, o de la condecoración (que se coloca sobre el pecho, en la región que los médicos denominamos precordial, por delante del corazón)”.

En síntesis, según este autor, la situación emocional se configura a través de la anticipación o la inminencia de una exposición pública degradante, un afecto insoportable, indignante, difícil de sufrir, la necesidad de querer resolverlo y, por otro lado, la imposibilidad de hacerlo, y una atribución dificultosa de la culpa. Así, en el relato del sujeto del pájaro, no lo había comprado pero sí se lo había dado un muchacho, no era totalmente culpable pero tampoco inocente. En cada uno de los relatos aparecen los componentes en forma similar.

Esto se repite con una frecuencia sorprendente. El Dr. Juan Carlos Kaski, un gran investigador argentino radicado en el Reino Unido, refirió en diálogos personales algunas historias de quienes habían sufrido un infarto. Una paciente suya le había relatado que luego de que le robaran el auto que había estacionado en la calle en una zona céntrica, para completar un trámite, padeció un infarto. Por lo general, no es suficiente padecer algún mal como sería un robo como para padecer un infarto: faltaría el componente de vergüenza pública y el de culpa. ¿Por qué sería degradante que le hubieran robado el auto? ¿Dónde está la culpa? El relato se completó del siguiente modo: en el auto robado la mujer se había olvidado las llaves de su casa y algunos papeles que permitían identificar dónde vivía. Cuando se dio cuenta de que faltaba su auto, se dirigió a su casa, pero ya habían entrado a robar allí también. En ese momento comenzó el dolor en el pecho. No bastaba con un hecho estresante que generara enojo o ira –en este caso, el robo del auto–, sino que se sumaba el olvido de los papeles y las llaves de su casa, y su grave consecuencia. Es fácil imaginar la dolorosa degradación pública que podía intuirse en ese relato, y la parte de culpa.

Así como, a partir de la conceptualización del mito del héroe, se reproducen en diferentes historias –desde Moisés a Superman– algunos componentes básicos llamados mitemas –infancia muy peligrosa con un claro riesgo de muerte; padres que se desprenden del hijo-futuro héroe; padres de crianza que no son los verdaderos padres; una vida inicialmente dificultosa y un destino superlativo y heroico–,49 en cada una de las historias presentadas se encuentran elementos similares cuyo análisis resulta de suma utilidad a la hora de encontrar la relación entre ciertos estados emocionales o sucesos y la emergencia de un infarto.

 

Fuente: Tajer, C. (2008). El corazón enfermo. Puentes entre las emociones y el infarto. Revista Argentina de Cardiología, 76(3), 237-237.  Extracto del capítulo 5: Relatos, emociones y anticipación, autorizado por el autor.

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