¿Qué siente una hija cuando su padre enferma?

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Los siguientes fragmentos son parte del relato que hace una mujer (37 años) sobre la internación de su padre durante 51 días en Terapia Intensiva a causa de un aneurisma de aorta. La narración completa dio lugar al libro “La internación de mi papá y un después”, presentado el 05 del corriente en la Feria del Libro:

“01/04/14. Qué largo se hacía ese pasillo hasta llegar donde estabas: el sector de los pacientes graves, “la isla” le llaman en la Terapia Intensiva. Siempre era rezar pidiendo que estuvieras mejor y, al verte así, era contener las lágrimas: había veces en que me salían solas al costado de la cama y evitaba que me vieran las enfermeras. A la hora de regresar a casa, era mucha la angustia de dejarte así, de no verte como sos; trataba de contener esa tristeza para no angustiar más a mamá que esperaba del otro lado de la puerta. Daniel me abrazaba y me contenía. Mamá salía muy triste y yo trataba de aliviarla: se iba a rezar a la Virgen de Luján que está al salir de la sala de espera. La fe ayudó mucho.

Domingo 6/04/14. Cambio de habitación. Te fui a ver a la misma habitación 31 y… ¡no estabas! ¡Qué susto! La muerte se me vino a la mente pero la dejé a un lado y fui a preguntar, aunque con la angustia en la garganta. Te habían llevado al sector B, habitación 18, ¡eso significaba que estabas mejorando! Seguías con el respirador, estabas hinchado, con muchos cables y dormido, los dedos de los pies muy negros por falta de circulación; el médico nos habló de la posibilidad futura de amputarlos si se producía gangrena. Qué impresión, qué fuerte, aunque el corte de dedos era preferible al corte de vida.

Miércoles 09/04/14 Empezaste a abrir los ojos, muy lentamente, sin poder focalizar, solo mirando para arriba: daba impresión, qué miedo teníamos de que tus funciones cerebrales estuvieran dañadas. Yo te hablaba, te acariciaba la frente, movías los labios como queriendo decirme algo. Me dolía el corazón verte así, como encerrado en tu cuerpo, con ganas de decir, de mirar, de caminar pero, evidentemente, aún no era el momento. Por otro lado, estas ganas eran un gran signo de pulsión de vida, de desear estar acá; era una alegría para nosotros ver que te querías comunicar, que sentías, que sabías que yo estaba ahí, que me conocías. Los días siguientes, cuando te iba a ver, aunque cerrabas los ojos, los movías y tratabas de hablar, te decía que estabas mejorando de a poco, que ya ibas a salir, que mucha gente te quería y te esperaba.

¡Qué bueno que te visitaron tus hermanos! Porque estabas muy bajoneado, los médicos te habían dicho que te iban a dializar de nuevo porque los riñones no funcionaban bien. También seguías con fiebre; por la trombosis del brazo izquierdo que hace varios días que tenés, a consecuencia del primer catéter para diálisis que te pusieron. A la tarde te pusieron otra vez el catéter en el cuello. Dijeron que la diálisis es momentánea para depurar las toxinas que tus riñones no pueden sacar por ahora. Estabas contento porque tu hermano te tranquilizó y también porque la médica residente te explicó, que vas evolucionando bien, que hay que tener paciencia, te hizo un chiste, todos los médicos dicen que te quiere mucho, posiblemente le recuerdes a su padre.”

Viviana Rabellino, nació en Capitán Sarmiento, provincia de Buenos Aires y es hija de Silvia y Nino, a quienes reconocer como sus grandes guías en el amor y la perseverancia. Psicóloga clínica de adultos, Profesora, especialista en evaluación y diagnóstico psicológico, trabaja en el Hospital Italiano de Buenos Aires y en la Universidad del Salvador. Es una apasionada por su trabajo, los viajes y la vida en familia.

Dice la autora: “Este libro está pensado en vos, papá, que como el padre de muchos, el hermano, el esposo, el hijo, el amigo, combatiste una gran batalla que no termina, continúa en los cuidados y en el desafío de disfrutar de las cosas simples y sencillas que están ahí, a tu lado.Esta obra trata de transmitir el día a día de la lucha por vivir, de la fe que nos aferra a la vida, de las limitaciones del cuerpo, de la fortaleza del alma propia y del amor de los demás, que alimentan la recuperación de un cuerpo enfermo. Pasando por los distintos períodos, positivos y negativos de una internación hasta la llegada del tan ansiado momento del regreso a casa, no sin ayudas externas. Y, nuevamente, 3 años después, volver a poner el cuerpo en una segunda operación, cargada de mayor ansiedad y temores por estar consciente de ello y, nosotros, ya preparados para lo más difícil.”

Al preguntarle sobre los motivos de narrar una experiencia como ésta, Viviana, dice: “El escribir me ayudo a procesar la angustia ante la pérdida, el enfrentarme a momentos crudos y difíciles y no poder expresarlo con lágrimas por tener que sostener a mi mamá día a día, quien convivía conmigo mientras toda mi familia seguía viviendo en la ciudad a 150 km. El escribir en la sala de espera de la Terapia intensiva me dio un lugar distinto, de pensar, de repensar,  sentir y valorar las visitas que recibíamos, la fe, los logros…. La idea de publicarlo fue para legarle a mis hijos esta experiencia y para ayudar a otros que pasan momentos tan difíciles”.

La experiencia humana se organiza y cobra sentido en la construcción narrativa que hacen las personas acerca de los sucesos vividos. Cada relato no sólo puede transformar la realidad particular de quien lo genera, sino que puede contribuir a la construcción de nuevas narrativas culturales que organicen un significado diferente alrededor de temas relevantes para todos, en este caso, el proceso de salud – enfermad .

La enfermedad no es sólo un evento orgánico en el cuerpo de un ser querido, sino un golpe a la imagen que tenemos de él y a toda la historia en el cual está incluido como parte de nuestra vida; de pronto el cuerpo y el padecimiento se vuelven el centro de atención, dejando de lado ideales, proyectos, viajes, diálogos compartidos, recuerdos…

El pasar al otro lado, de ser profesionales de la salud a ser familiares de pacientes, muchas veces conlleva asumirse desde una perspectiva nueva que tira por tierra nociones previas acerca de nosotros y de los demás, y a su vez, puede ser una oportunidad para transformar profundamente la mirada sobre las personas a las que asistimos en su sufrimiento. El escribirlo posibilita que la experiencia de un individuo lo trascienda y quede a disposición de todos los lectores. Y esto no es poca cosa. En definitiva, la realidad humana es la suma de relatos que se entrelazan y modifican al entrar en contacto unos con otros.

 
Por Mariana Pedace 
Fuente: “La internacion de mi papa y un despues” Editorial Dunken
Viviana Rabellino
vnrabellino@yahoo.com.ar
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